28. Libro del desasosiego, Fernando Pessoa

Tanto en el libro de Salter como en el de Pániker he hablado de la descomposición del Yo al final de nuestros días, de la deconstrucción del ego como un modo elegante de despedirse. Ahora me interesa averiguar adónde nos lleva ese planteamiento cuando hacemos de él una manera de vivir. Porque una cosa es terminar harto de uno mismo al cabo de ochenta años, bajar el sonido de nuestra voz y de nuestro orgullo después de tanta estridencia, y otra poner un volumen discreto desde el principio.

En el caso de los escritores, este asunto supone un conflicto difícil de resolver. Por un lado, la necesidad de reconocimiento es más acuciante que en los demás. Nos dedicamos a una tarea con la que apenas podemos mantenernos, y, al tener que compaginarla con otras, vemos cómo se acaba poniendo en duda nuestra identidad de escritores, ésa que, sin embargo, sentimos hasta en lo más profundo de nosotros. Por otra parte, la creación literaria requiere una actitud de observación permanente, una mirada tendida hacia los hombres y hacia las cosas, de modo que sólo quien se olvida de sí mismo puede capturar algo lo suficientemente valioso como para ser contado. He ahí, en definitiva, dos pulsiones contradictorias desordenando el alma del autor.

Pero es verdad que aquí nos interesa un tipo de aprendizaje extraído de los libros que resulte útil a todos. En ese sentido, creo que la rutina es una bendición para cualquiera, el lugar idóneo para observar lo que ocurre. Creo que cuanto menos cambie el perfil del día, esa torpe sucesión de acontecimientos, más claro será el horizonte de lo extraño, de lo que vale la pena contemplar. Creo que haremos bien en quedarnos a un lado cada vez que suceda, quitándonos de encima todo protagonismo, quietos y en silencio como niños ante algo que resplandece.

En Libro del desasosiego, Pessoa escribe: puedo imaginarlo todo, porque no soy nada.

Lector: ¿Crees que es ese tono humilde lo que más atrae de estos diarios?

Y el hecho de que el autor no llegara a verlos publicados en vida. Y la circunstancia de que muriera solo, joven aún y en el anonimato. Y es que, como he empezado a decir más arriba, hay cierta trampa en las reflexiones de Salter y de Pániker, en su quiebro ulterior hacia una forma mucho menos egocéntrica de vivir. El lector tiene en cierto modo la sensación de que se han convertido a última hora, de que buscan el favor del colectivo después de haber cantado sus hazañas de héroes solitarios. Es verdad que al final les perdona y, sin embargo, prefiere la entrega de Pessoa, el cumplimiento por su parte de ese contrato tácito por el que un escritor se compromete a morir desconocido a cambio de que su obra se descubra algún día.

Por lo demás, Libro del desasosiego nos pone al pie de las cosas, muy cerca de lo que en realidad significan. Aunque la existencia de Bernardo Soares, esa especie de heterónimo del autor, es precisamente la que ninguno querría llevar, responde a un formato neutro, a un esquema vital despojado de acontecimientos, es el lugar privilegiado para mirarlo todo sin perder detalle. En el fondo, Bernardo Soares se sacrifica por Pessoa y por nosotros, por su futuro libro y nuestra póstuma lectura de él, y acepta ocupar el espacio anodino de un hombre sin importancia.

Quizá porque ser un contable de oficina en la Lisboa de principios del siglo XX es comparable al papel universal del tonto de pueblo, es decir, alguien casi invisible, yo seguí interpretándolo con mis vecinos. No les hablaba siempre en verso, pero daba respuestas estúpidas a sus preguntas y sonreía sin motivo cuando me cruzaba con ellos. Antes de que pudieran enterarse de que era escritor, decidí resolverles la duda que tenían sobre mi oficio y me ofrecí a sacar los perros de la aldea a pasear. Sí, ya había oído hablar de esa ocupación y pensé que era la ideal para una persona como yo, alguien dispuesto a ahogar su voz entre ladridos.

Resultado de imagen de imagenes de paseadores de perros

 

Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a 28. Libro del desasosiego, Fernando Pessoa

  1. Miguel dijo:

    Brillante

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *