19. Mundar, Juan Gelman

Sí, el relato nos ha llevado por un camino natural hasta la poesía. No podemos seguir hablando de lenguaje sin hacer referencia a ella. Además, es justo que tenga un hueco en esta selección. Es posible ser lírico sin necesidad de componer versos y estrofas, pero sería absurdo no incluir aquí un género literario cuyo ideal consiste en despojar al texto escrito de todas las expresiones que no sean capaces de prosperar como pura forma.

Lector: ¿Crees que cualquier historia podría reducirse en última instancia a un poema?

En literatura, la forma bella, la expresión formalmente bella es un anticipo del significado. En la frase, en las palabras poéticas, hay una intuición de sabiduría y de lucidez. En cierto modo, la verdad literaria empieza a mostrarse y a ser a través de esas expresiones, es bella mucho antes de tener sentido.

En Mundar, Gelman escribe: Allí está el aire, el día, la muchacha/que dice pájaros y/nacen pájaros del/nido de su voz…

Detrás de la muchacha que dice pájaros y nacen pájaros del nido de su voz, puede haber una historia que, sin embargo, no necesita ser desarrollada, porque  ya está contenida y resumida de una manera perfecta en esos versos.

Me gusta el título del poemario, ese vocablo inventado por el autor que encierra a la vez la idea de mundo y de cambio. Si en el capítulo anterior veíamos cómo al escritor le queda un espacio muy limitado donde moverse, el formado por los términos aún no gastados por los contaminadores del idioma, aquí se le abre de pronto una alternativa, la opción de crear palabras nuevas.

Y dado que en este caso el inventor es un poeta, la belleza y la melodía del verbo mundar van a ser más importantes que su significado, van a ir por delante de él. Lo bueno es que, como se trata de una palabra que no existe, su sonido le llega al lector o al oyente de una manera limpia, libre de carga semántica. Hay un momento en que imagina lo que puede indicar, intuye a qué se refiere, pero para entonces esas seis letras llenas de luz ya han atravesado su cuerpo como un escalofrío.

Lector: Puesto en el lugar,/ ¿qué tipo de palabra querrías inventar?

Un sustantivo relacionado con sentimientos o un adjetivo preciso para sustituir a todos los que ya no sirven.

Esa pregunta en forma de poema me parece oportuna, pues tiene que ver con algo que pensé una tarde después de cruzarme con mis vecinos. Dando vueltas a la dificultad para entenderme con ellos, se me ocurrió la idea de hablarles en verso la próxima vez que me los encontrara. Me dije que quizá de ese modo el diálogo fluyera con más naturalidad. Me propuse adelantarme a cualquier comentario suyo y soltar una serie de pareados acerca del hecho de estar allí. Sí, yo levantaría un poco el brazo, abriría la mano y declamaría con una sonrisa: Qué día más luminoso,/ mi corazón está dichoso./A los señores les deseo/un estupendo paseo.

En el volumen de Gelman, echo de menos un prólogo, unas referencias previas al tiempo y al lugar en los que fue naciendo el libro. No me gustan los análisis de texto, pero a menudo es una ayuda conocer las circunstancias vitales del autor o ciertas imágenes recurrentes en su obra. Es extraño que en una publicación tan cuidada no se haya incluido nada en ese sentido.

En cuanto al uso de la lírica en las conversaciones, creo que sería, por una parte, la estrategia más audaz para evitar los temas incómodos, mientras que, por otra, nos daría la posibilidad de ocupar la posición privilegiada del chiflado. Y es que, ¡qué aliviados se quedan los demás en el momento en que nos adjudican ese papel! A partir de entonces, dejan de interesarse por lo que nos sucede. Convencidos de ser superiores a nosotros, regresan mucho más calmados a casa, a sus vidas prosaicas y sin rima.

 

 

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