200 horas, 20 minutos y 4 segundos para… ¡la vuelta al cole!


¡¡¡Rinnggg!!! ¡¡¡Bien!!!

Que algarabía, por fin ha sonado el timbre que da por finalizadas las clases pero este que suena hoy, además,  da paso a las tan ansiadas vacaciones después de un curso repleto de deberes, exámenes y obligaciones que, si las calificaciones lo permiten…¡¡¡acaban de terminar!!! Unos 178 días lectivos, entre 862 y 872 horas en Primaria y entre 1.011 y 1.023 horas en Secundaria… ¿Son pocas? esta claro que  se las merecen, ¿no? 

-“Mañana ya no hay colegio… ¿Qué voy a hacer? Aún no tengo claro dónde, con quién y qué van a comer…”

-“Yo tengo 15 días de vacaciones pero como a mis peques les queda mes y medio sin cole los dejaré con mi madre y mi padre…   alguien tiene que cuidarles”

-“Pues yo sin familia aquí, la única alternativa que me queda es tirar de cartera, y de campamento en campamento”.

– “Yo  estoy igual pero hemos hecho números y este verano no podemos permitírnoslo… menos mal que creemos que nuestra hija mayor ya puede cuidar de los pequeños…”

– “los míos lo mismo, ya  son mayorcitos,  están en Primaria… se quedarán solos en  casa. Sí, lamentablemente pasaran a formar parte de niños y de niñas con la llave colgada al cuello toda la mañana hasta que uno de los dos vaya…aunque no me guste nada…”

 La misma cuestión de todos los años al cerrar sus puertas los colegios. Comentarios que se pueden escuchar en los patios sobre los apuros que se pasan en muchos  hogares para atender a sus hijos y sus hijas durante las once semanas de vacaciones, más aún, en tiempos de estrecheces económicas.

El inicio de las vacaciones, un día marcado en rojo en los calendarios de miles de familias ya que toca hacer cábalas entre campamentos, escuelas de verano, familiares y, sobretodo,  abuelos y abuelas para encajar el descuadre. Casi tres meses de vacaciones pueden suponer en muchos hogares un problema de logística importante.

 

Mi madre no trabajaba y recuerdo los calidos  veranos en el pueblo. Era el mejor de los  campamentos y duraba casi tres meses, sin madrugones, jugando y en la calle todo el día hasta muy tarde, incluso nos dejaban salir a jugar después de cenar (era un pueblo), con campo, animales, huertos, estanques, paseos, siestas, bicis… ¡primas y familia!

Al ser madre he tenido mucha suerte de poder repetir algo parecido con mi hijo y mis hijas al no tener la necesidad de utilizar  campamentos, ni tenerlos lejos, ni hacerlos madrugar como todo el año (salvo en un par de ocasiones y porque se empeñaron). Esto siempre me ha parecido un privilegio. He podido pasar con el y con ellas todos los veranos, gracias a que en mi trabajo es muy fácil la conciliación en cualquiera de sus periodos vacacionales. No obstante, también por desempeñarlo en el ámbito escolar conozco lo difícil que resulta para otras muchas familias.

Las vacaciones, esos días de descanso, de felicidad, de dar carpetazo a los madrugones, de viajar, desconectar de la rutina… y de estar en familia, se esperan y se dibujan como idílicas pero, a veces, asoman de  nuevo las preocupaciones y las dificultades  para conciliar trabajo y crianza, y las altas expectativas pueden quedar tiradas en una cuneta si no se organiza todo con atención. Bienvenida la ayuda y la información…

 

Unas cuantas familias podrán recurrir  a la buena voluntad de los abuelos y abuelas. Principal recurso y salvación en esta época del año, algo muy de agradecer. En muchos casos incluso esperan ansiosos cuidar de sus nietos y nietas durante el verano. En otros  son muchos días y muchas horas cada día y hay que entender que cuando las personas se hacen mayores a veces no están en condiciones de hacerse cargo  y brindar esta ayuda aunque lo deseen. Algunos todavía también trabajan.  Y otros,  también muy respetable su opinión y elección, consideran que ya criaron a sus hijos e hijas  y no tienen la misma disposición.

 Hablando de dieta…

“El abuelo no me regaña por no comer…” (Cuando se niega en rotundo a comer alimentos saludables)  “la abuela si me lo da…” (Cuando no le damos algo que consideramos no debe comer…).

Aunque estar al cuidado y el comer por ello con los abuelos y las abuelas puede favorecer un comportamiento más caprichoso con la comida ya que tienden a mimar a sus nietos y nietas y a consentirles más que sus progenitores, diversos estudios también apuntan a que tienen una alimentación mejor ya que éstos tienen más tiempo para preparar una comida variada y saludable.

La mayoría de las personas mayores consume fruta diariamente y entre tres y cuatro veces a la semana preparan potajes de legumbre y verduras y consumen también esa misma cantidad de pescado. Se guían todavía por la dieta mediterránea y si los niños y niñas comen lo que preparan para sí mismos, puede favorecer una alimentación muy nutritiva y completa y ofrecer un buen modelo.

Si les consienten, si les malcrían a la hora de comer… ¿Qué podemos hacer? Desde el agradecimiento, que debemos tenerles porque al ayudarnos renuncian a muchas cosas, entre ellas a disponer de una rutina más tranquila, algo que cuando nos hacemos mayores se necesita, deberíamos  explicarles nuestras normas para alimentarles (los horarios de las comidas, qué alimentos no pueden comer entre diario, cuál es la base de su dieta, etc.) pero no deberíamos preocuparnos demasiado ya que el perjuicio no será tanto. Debemos confiar en su amor y en que la experiencia es un grado aunque algún día se salten las reglas y les den un capricho. Algo que si no es rutinario y solo se hace de vez en cuando no es tan insano.

 

También hay otras opciones campamentos de verano públicos y privados, los municipales cada vez ofrecen más facilidades (por lo menos desde que yo hice uso de ellos) e incluso ahora hasta ofrecen servicio de comedor.

Aunque a veces no se ajustan a los horarios ni al bolsillo, y dependiendo de la edad la oferta y las posibilidades se reducen. Y a esto habría que añadir si tenemos la confianza suficiente para dejar a otros su cuidado.

Cuando no nos queda otra debemos superar nuestros temores y aunque consideremos que no hay campamento perfecto acudir a uno de ellos les ofrece muchos más beneficios que perjuicios, amplían conocimientos, fomentan la sociabilidad y las habilidades sociales, disfrutan y realizan actividades enriquecedoras que difícilmente harían en casa.

Otra opción que suele ser asequible es la que ofrecen los centros de enseñanza, aprovechando que las instalaciones deportivas, las aulas y comedor.

Hablando de la dieta…

En caso de que vayan de campamento y coman fuera de casa,  debemos, mas que suponer, informarnos y asegurarnos al elegir el campamento que la alimentación que recibirán será saludable y adecuada a su edad.

También podríamos contratar a alguien para que les cuide en casa y que cocine lo que le planifiquemos, esto posiblemente sea lo que más caro sale (aunque dejemos la comida elaborada la noche anterior) y muchas familias, sobre todo hoy en día, puede que  no cuenten con recursos económicos.

Sin duda las circunstancias de cada familia hacen que haya unas posibilidades u otras.

 

Si es más mayor nuestras posibilidades pueden verse ampliadas, nuestra confianza aumenta, ya tiene cierta autonomía y podrá quizás quedarse sin supervisión en casa. Esto va a  permitir  que desarrollen dos conceptos muy importantes, la responsabilidad y la autonomía, aspectos que contribuyen notablemente en su maduración, resultando para el o ella un verano de aprendizaje inolvidable.

En cualquiera de los casos anteriores seguirán siendo  personas adultas las responsables de “supervisar” lo que comen. Pero en casa ¿cuál será su dieta diaria?

“¿Comerán aquello que yo he dejado preparado…o…?”

Hablando de la dieta…

Tanto en esta última situación como si la familia come toda junta quiero ofreceros mis consejos por si puedo facilitaros ese “organizaros”.

Las vacaciones serán largas y pueden resultar un buen momento para reforzar los hábitos de alimentación ya que las familias tienen más tiempo para dedicar a las comidas. Pero lo cierto es que durante esta época las familias modifican notablemente la rutina diaria, alterando todos los horarios, desde la hora de levantarse, hasta la hora para dormir, incluyendo la hora de alimentarse. Nos levantamos tarde, desayunamos tarde, si los progenitores trabajan comen sin supervisión de un adulto, comen lo que quieren…

Son factores adicionales que pueden hacer  que la dieta de los niños y las niñas empeore. Al relajarnos relajamos también la disciplina formativa.

Trabajemos o no este verano el estilo de vida saludable nunca debe salir de vacaciones, al contrario, como decía al principio se debe aprovechar el tiempo que  hay sin las prisas de los días en que tienen colegio empezando por ofrecerles un buen desayuno. Es muy importante mantener unos horarios de comida, con excepciones claro esta, estamos de vacaciones pero con esta excusa  no deberíamos salirnos de la rutina saludable todos los días.

Tendrán mucho tiempo libre irán y vendrán, y en idas y venidas harán numerosas visitas a la despensa y a la nevera por ello debemos evitar tener alimentos industrializados y poco saludables almacenados. Por el contrario una y otra deberán estar repletas de frutas, verduras y alimentos saludables de fácil preparación. Saca los refrescos del refrigerador y pon agua en su lugar para favorecer su consumo y mantenerles hidratados. No tienen el criterio de elegir formado y entre los dos siempre escogerán la bebida azucarada y esto no sirve para quitar la sed ni es saludable.

Al llegar las vacaciones de verano los niños dejan de lado sus apretadas agendas y cuentan con una gran cantidad de tiempo libre que muchos no saben cómo llenar. Dado por haber tenido la mayor parte de su tiempo durante el curso completamente planificado. Ahora podemos ayudarles planeando un poco sus nuevos horarios para que aprendan de nuevo a estar “sin hacer nada” (a cuanto adulto le cuesta esto mismo…) y con ello se despierte su creatividad y vuelvan a encontrar a qué jugar o encuentren cosas que les interesen y estimulen de verdad. El tiempo libre es oro y los niños deben aprender a valorarlo.

Además muchos padres y madres siguen trabajando y la consecuencia es que  niños y niñas aburridos y sin supervisión pueden terminar comiendo cuando no saben que hacer.

No esta de más ser cautos con la flexibilidad que se ofrece a los y las adolescentes. Con el tiempo libre se les deja llegar más tarde a casa, se les da más dinero para que lo gestionen, se les permite bajar sin una persona adulta a la piscina… Son cambios habituales en estas fechas y  aumentan su autonomía y responsabilidad. Pero la elección de su comida debe de seguir siendo saludable, de lo contrario, la vuelta atrás sería muy complicada.

En resumen, hay que procurar ciertas acciones para no afectar la alimentación de nuestros hijos  e hijas.

 

 

Los niños necesitan descansar, desconectar del estrés. Si  se reclaman más días o más horas lectivas por no saber o tenerlo difícil a la hora de trabajar nos  olvidamos de niños y niñas. Pero es cierto que necesitan algún plan para continuar con su misión principal: jugar y aprender y algo de esto puede hacer por nosotros la alimentación… ¡Todos a  la cocina! Como ocio y no como tarea…

Romper un poco con la rutina puede venir bien no sólo a los niños y niñas sino  a toda la familia, ya que al fin y al cabo se trata de poder adaptarse a circunstancias diferentes y dejar un poco de lado la presión que suele haber durante los meses del curso. Es un buen momento para que las criaturas más pequeñas aprendan que en la vida también existe flexibilidad y excepciones a lo establecido. Y no hay que preocuparse pensando en  que supondrá mucho esfuerzo recuperar las rutinas de cara a la vuelta al colegio en septiembre si mantenemos las más importantes como puede ser la de alimentarse.

Es importante para empezar organizar  horarios y menús con ellos y ellas, desde el consenso y el acuerdo.

Se puede aprovechar, según la edad de los pequeños, para que colaboren en la compra, en la elección de los menús y en la elaboración de las comidas.  Aprendiendo así determinados hábitos de responsabilidad y colaboración.

Las necesidades nutricionales de la familia en verano van a ser  las mismas o parecidas a las que tiene en invierno, siempre que no haya un cambio de la actividad física. En verano se suele ser más sedentario, aunque nos parezca todo lo contrario, sobre todo si nuestros hijos  y nuestras hijas participan en actividades deportivas durante el curso escolar.

Necesitamos, como todo el año,  variedad en la alimentación y que esta  incluya todos los grupos de alimentos debe ser la tónica para que toda la familia coma de forma saludable también en verano.

Por supuesto que el verano también es época de helados y caprichos y  hay que dejar que los disfruten y  disfrutarlos, pero no debemos olvidar que estos alimentos están en la cúspide de la pirámide alimentaria, por lo que se recomienda un consumo ocasional.

¿Qué vamos a comer con este calor?

¡De todo! Basta con variar las elaboraciones y presentaciones de los alimentos, también para las criaturas más pequeñas.

Añadiendo a las frescas ensaladas: frutas (aguacate, melón, sandia, manzana, piña, etc.), hortalizas (tomate, judía verde, calabacín, pepino, etc.) pasta y legumbres (en conserva y congeladas si hace falta, ya que solemos olvidarnos de ellas asociándolas al frío y a los platos de cuchara pero son un alimento básico en la dieta de cualquiera y no podemos erradicarlas del menú veraniego) o preparar gazpachos y cremas frías como la vichyssoise, todo esto como platos principales o primeros platos. Un gran surtido de alimentos ricos en vitaminas, minerales y fibra y con pocas calorías.

La carne, el pollo, o el pescado a la plancha son muy sanos rápidos, satisfacen ampliamente y se preparan en un momento. Utilicemos el horno si no hace demasiado calor, basta con meter un trozo de carne, pollo o pescado en una bandeja, añadir algunas verduras y poco aceite, y dejar que se cocine solo.

Algo ideal es preparar un plato único que sea sencillo, completo y altamente nutritivo (macarrones a la boloñesa, paellas de carne, de pescado y marisco, calderetes, etc). Que inclusive hasta pudiera congelarse una parte, inmediatamente después de elaborarse, entonces podemos preparar el doble de cantidad y congelar la mitad , y  a los 5 días, tendremos el almuerzo o la cena solucionados. Añadimos una ensalada fresca o un postre a base de yogurt y fruta y… ¡listo!

Postres, almuerzos y meriendas brochetas con frutas variadas (ideales por su contenido en agua, hidratantes y refrescantes), ricas macedonias, helados o batidos caseros (con moderación si les añadimos grasas y/o azucares).

Como veis no hace falta pasarse horas en la cocina, preparando platos exquisitos y sofisticados para que nuestros hijos e hijas coman. La verdad, es que existen cantidad de recetas rápidas y sencillas que aseguran una nutrición correcta, sana y equilibrada.

 

¿Y si salimos fuera de viaje? Qué mejor oportunidad para conocer y disfrutar de  la gastronomía de la zona y los alimentos de temporada y de cercanía  a los que podamos tener acceso.

Como familia habitualmente hemos disfrutado de las vacaciones cerca del mar, (casi siempre el cantábrico) y por ello hemos aprovechado para comer mucho pescado, probando y descubriendo juntos y al principio algunos nuevos.

Sardinas asadas, boquerones en vinagre, chicharro, verdel y bonito al horno o a  la plancha en nuestra mesa casi todos los días de la semana. Curioso como se habituaron mi hijo y mis  hijas desde muy chiquis a disfrutar del pescado y a controlar sus  espinas algo que para niños y niñas parece ser tan complicado. Daba gusto ver como disfrutaban de los diferentes tipos de pescado azul (rico en omega-3, beneficioso para el sistema nervioso y para el descanso) y no tengo muy claro si serian sus propiedades dietéticas o solo el cansancio, al no parar ni un momento en todo el día entre juegos en la casa y en la playa, pero todo ello les terminaba ayudando a dormir de un tirón. Caían rendidos en la cama… ¡como yo!

 

Y hablando de playa, para excursiones y acampadas en ella, en el campo o en la montaña, os aconsejo la saludable opción de llenar la mochila con socorridos bocadillos. Pueden ser muy completos y saludables. Eso si de embutido (pechuga de pavo, jamón cocido o serrano, etc.) o de atún al natural con tomate y lechuga (¿lo habéis probado con mostaza?), carnes magras como por ejemplo la  pechuga de pollo y la  ternera fileteada a la plancha,  podemos complementar con lácteos como un queso fresco, queso de cabra o queso para untar y formar con éste un aderezo, rellenos de vegetales, frutas y semillas hasta donde vuestros hábitos hayan avanzado y os hayan llevado…

Es preferible evitar llevar alimentos en un tupper que contengan mayonesas y  tortillas, así como ciertos dulces ya que debemos extremar el cuidado de las salsas y algunos alimentos que llevan huevo, nata o azúcares que pueden contaminarse con gérmenes como la salmonella, si están a temperatura ambiente. Es por esto que  se recomienda su consumo inmediatamente tras su preparación, para que arriesgarnos. Y si lo hacemos, ¡ojo! Mucho cuidado…

Y siempre ¡agua para beber! reservando el vino o la caña para disfrutar del atardecer o de las estrellas en una terraza.

Debemos intentar hacer las cuatro comidas recomendadas al día no saltarnos el desayuno aunque nos hayamos levantado más tarde de lo normal. La comida podrá retrasarse y hacerse más liviana.

Y con tanto tiempo de relax y ocio ¿hay picoteo sano para las tardes de verano?

Podemos echar mano de fruta refrescante, entera o recién exprimida, un yogur previamente helado, pipas de girasol (son antioxidantes, ricas en vitamina E), unas palomitas caseras (para controlar el azúcar, las grasas y la sal). Y, por supuesto, si un día se tercia podemos permitirnos y permitirles otro tipo de snack  menos saludable como una bolsa de patatas fritas y un helado industrial.

La alimentación es un tema importante durante todas las estaciones del año y en verano aún más.

 

Cualquier periodo vacacional es un momento sin igual para compartir unos ‘momentos’ en familia inolvidables y, casi todos, la mar de agradables.

Después de haber osado pasar la tarde disfrutando en la playa llevando además de la bolsa de dimensiones estratosféricas, de plástico, de supermercado y entonces no reutilizable,  llena de: cuatro cubos, cuatro palas,  cuatro rastrillos, (sí, digo cuatro y no tres, el número de criaturas que tengo,  porque siempre me tocaba ayudar a hacer las mazmorras y el foso del castillo, ja ja),  camión y pala excavadora, miles de moldes de estrella, tortuga, pez y ballena que la mitad de ellos se perderían bajo la arena pero era primordial que no faltase de nada …como decia además de todo esto siempre me animaba a llevar un libro. Jamás llegue a sentarme a leer ni siquiera me sentaba mientras les observaba…y ¿si se iban a bañar al mar mientras no miraba y se ahogaban en menos de un segundo? y ¿si se comía la arena la más pequeña en lugar del bocadillo y se ponía malita a morir? Y ¿si se perdían…? así que tocaba para variar el no quitarles el ojo de encima. A jugar a piratas, a sirenas y a rebozarse con ellos en la playa. Y vuelta a casa sudando agotada y con arena en sitios que ni podías imaginar. Además de fortalezas y castillos, la de tartas y pasteles que habremos diseñado…Así que después de una agradecida ducha, a intentarlo en la cocina de verdad.

Las vacaciones de verano son una época ideal para que los niños comiencen a dar sus primeros pasos dándose un chapuzón en la cocina o  para sumergirse en el arte culinario. Como si de un divertido juego se tratara. Un juego que, además, al estar en contacto directo con los distintos productos alimentarios que aprenderán a utilizar, le animará a conocerlos tanto como a probarlos y, al fin, a consumirlos.

Por experiencia personal y laboral os digo que enseñar a cocinar es la forma ideal de estimular e inculcar buenos hábitos alimentarios a los niños y a las niñas. Explicarles y dar a los alimentos el valor que realmente tienen es la base de una buena alimentación y de su propia calidad de vida, además de demostrarles que cocinar no es sólo preparar comida, sino que también es disfrute, tradición y cultura.

 

 

No sé si os pasará a vosotros pero cuando se avecinan las vacaciones de verano siento un cosquilleo en el estómago, mezcla de  nerviosismo y de emoción. Planificarlas y organizarlas tiene su parte de encanto y desquicio pero pensar en hacer una escapada en familia hace que las cosquillas sean mayores. De momento sonrío pensando en los días que disfrutaré con mi familia este verano. Cierto que mis hijos ya no son tan peques y no tengo que bregar con tantos inconvenientes…

Acabo de ultimar los flecos que me quedaban para pasar, o al menos intentarlo, una semana estupenda.  A toda mi familia le gusta el norte, lo llevan viviendo toda su infancia, pero seguramente a mi mucho más, pues con la edad he aprendido y  estoy dispuesta a sacrificar días interminables de playa y calor por jornadas de lluvia, menos temperatura, algo de montaña y mucho verde. Sólo hablar de ello me trae su olor, el sonido de los cencerros a lo lejos, el mar rompiendo en el acantilado, incluso puedo saborear el olor a sal, eso sin hablar de lo que suma su deliciosa gastronomía… a marisco y a pescado azul, ¡riquísimas sardinas! que consiguieron hacer adictos al pescado hasta a mis grandes amores.

 

También pensaba, en que hoy que debía despedirme hasta el inicio del nuevo curso, que mejor que hablar de las vacaciones, de la dieta a seguir durante ellas y todo lo que conlleva según las circunstancias de cada familia…

Pensaba en mis lectores… ¿Habéis organizado ya las vacaciones de verano?

Quería dejaros un enlace por si acaso. Hay muchísimas personas que viajan en familia y que comparten consejos y recomendaciones a través de sus blogs.

Aquí tenéis una lista con 25 blogs de viajes con niños que no debes perderte. Está ordenada alfabéticamente, recién actualizada (agosto de 2015).

http://elpachinko.com/blogs/25-blogs-de-viajes-con-ninos/

 

Y un último consejo, ahora que tendremos algo más de tiempo regalémosles una parte importante de el, nuestro interés y el deseo de disfrutar los desafíos que nos proponen. Lo que nuestros niños y niñas ven en nosotros, cálida e incondicionalmente, no lo ven en nadie más. Como héroes y heroínas que admiran puede ser bastante más sencillo de lo que parece lograr que nuestros niños y nuestras niñas crezcan de manera equilibrada, fisiológica y emocionalmente, pero para ello no basta con que escojamos su dieta guiados por las recomendaciones de los expertos sino que debemos alimentarlos con mucho amor para que sus miedos y sus problemas emocionales se mueran de hambre.

Sí, las vacaciones son para pasarlas con la familia pero también es necesario que te tomes tu espacio, te des un respiro y estés en contacto contigo. Para que este parar nos  ayude a que comprendamos nuestras emociones y nos ayude también a girar con el mundo en el que vivimos.

 

Gracias por tu interés y ¡felices vacaciones!

Rocío Martín (www.comedorsaludable.org)

 

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El verbo comer no tiene imperativo; enseñar a comer sin medidas coercitivas

Hasta hace poco se creía que para educar convenientemente a los niños y niñas había que obligarles o forzarles para que comiesen de todo y toda la cantidad que se les ponía en el plato. Hoy en día confiamos mucho más en sus mecanismos de autorregulación.

Lamentablemente el adulto suele todavía imponer a niños y a niñas ‘qué, cuánto y cuándo deben comer’. Algo que puede generar problemas relacionados con la comida y que afecta profundamente, y de forma negativa, a la relaciones entre padres/madres con hijos/hijas y a educadores/as con alumnos/as, todo ello dañando el vínculo afectivo, la confianza y la seguridad que pueda proporcionar el adulto al menor.

Claro que es importante que los pequeños coman de todo para que su crecimiento y su salud sean los adecuados y que conseguirlo no es tan sencillo, pero jamás deberíamos caer en el error de obligarles a comer. 

Ninguna criatura sana se negará a comer si tiene hambre. Y si es forzada a comer más de lo que realmente necesita u obligada a comer algo que no le gusta o que en ese momento no le apetece (como a un adulto puede sucederle), se estresará y esto le producirá malestar y ansiedad. Si esta situación se repite habitualmente repercutirá negativamente, desarrollando aversión ante el momento de comer. 

Una imposición excesiva de comida puede hacer que el niño o la niña se niegue a comer

Por mi propia experiencia tengo asumido que a comer se aprende, es un habito más. Durante años fui una malísima ‘comedora’; no sirvieron ni entretenimientos ni castigos para abrirme el apetito. Hoy disfruto comiendo y como prácticamente de todo. Era cuestión de paciencia y tiempo. 

Es común que durante la infancia se den periodos donde predomina el rechazo a la comida en general o a ciertos alimentos en particular, siendo necesario que el menor madure para que los acepte. El apetito puede disminuir o perderse por varios factores: enfermedad física, sobreexcitación, fatiga, malestar emocional, etapas evolutivas en la infancia y adolescencia (lo normal es que el niño crezca a una velocidad desigual y, por consiguiente, tenga que ajustar sus tasas de ingesta a lo largo de su desarrollo), etc. 

Sin embargo, el problema de la falta de apetito es una de las preocupaciones más habituales de las familias y uno de los motivos de mayor consulta a los pediatras. El problema puede empezar cuando el niño es bebé lactante y continuar hasta que llega a la etapa escolar y con ella al comedor (cuántas veces oímos decir a una mamá o a un papá, al llegar por primera vez al comedor escolar, “mi hijo/a no me come nada, a ver que podéis hacer vosotros”).

El problema se agrava por la desesperación y la impotencia que supone no saber que hacer ante el rechazo de los niños a los alimentos. Las familias suelen probar todo tipo de estrategias, desde el clásico juego del avioncito hasta otros que pueden rozar el chantaje (premios), amenazas… llegando incluso a los castigos. 

¿Como enseñar a comer sin medidas coercitivas?

Sabemos que la educación es también la base de una correcta nutrición y es la familia, en primer lugar, quien desempeña un papel fundamental en el fomento de hábitos nutricionales y de vida saludable. Pero el comedor escolar puede colaborar con las familias ya que es el entorno perfecto para conseguir que el menor siga una dieta equilibrada. Enseñar a comer de todo es uno de nuestros principales objetivos, por ello, lo que se desarrolla en el comedor escolar entorno al momento de la comida tiene que estar cuidadosamente planificado y contemplado pedagógicamente. 

Aunque tenemos mecanismos que nos inducen a comer cuando hace falta y a dejar de comer cuando ya sobra, la alimentación es algo muy influenciable desde el punto de vista afectivo. Comer es una función vital que está asociada directamente a las emociones, por ello, son muy importantes las relaciones, que necesariamente se establecen en el momento de la comida, entre la persona que ofrece el alimento y el menor.

No debemos olvidar que los momentos de la comida deben ser fuentes de placer y de intercambios sociales y afectuosos. El niño come por necesidad, no por obligación. Y obligar esta ligado irremediablemente a algo desagradable.

No estamos obligando a un niño cuando intentamos que coma una cucharada más pero sí lo hacemos al insistir cuando claramente rechaza el alimento o al coaccionarle para que coma si no lo hace por sí mismo… con ésto solo conseguiremos que en la próxima comida, antes de empezar, ya esté a la defensiva.

Pautas para prevenir los conflictos, resolverlos o, al menos, hacerlos ‘más llevaderos’ 

Básicamente debemos decir adiós a obligaciones, chantajes, premios y castigos. ¿Qué tal probar a ver el problema desde la perspectiva del niño o la niña? ¿Y si al adulto le obligasen a comer? Es necesario que aprendamos a empatizar con ellos para poder entender, que igual que al adulto le sucede, mientras los pequeños comen experimentan sensaciones y expresan emociones de bienestar o de malestar anímico en relación con los sentidos y con el entorno. El apetito de un niño está determinado por el ambiente y la alegría con la que se adapte a él. Por tanto, tendremos que tener muy en cuenta el ambiente que rodea la comida, ya que es casi tan importante lo que se come como la forma y lugar donde se come. 

También es importante saber que la preocupación ante la problemática de la comida nos lleva a menudo a prestar más atención al niño justo en el momento en el que se produce el rechazo. De esta manera el menor repite esta conducta evitativa una y otra vez porque consigue que se le haga más caso. Nuestra atención es su mejor recompensa. Cuando un niño no come es importante buscar las causas, que pueden ser físicas o psíquicas. 

A continuación enumero algunas estrategias que utilizamos en Comedor Saludable por si os pueden servir de ayuda o complemento a las vuestras, en caso de situaciones conflictivas ante la alimentación. 

– Es de vital importancia cuidar el ambiente físico y psicosocial que rodea a la comida. 

– Hay que procurar que no haya distracciones, ni ruido excesivo, ni prisas, ni presiones con discusiones desagradables. El malestar emocional que se crea puede hacer que un niño o niña sensible pierda de inmediato el apetito.

– Intentar presentar los platos de una forma atrayente al servirlos. 

– Ofrecer toda una variedad de alimentos necesarios para llevar una dieta saludable, variada y equilibrada. El éxito es que el niño/a que tenga el problema vayan probando todo para ir acostumbrando su paladar a distintos sabores y texturas. Si lo intenta, quizás podrá acabar tolerándolo y finalmente aceptándolo. Cada vez que coma bien le felicitamos.

– Dejaremos que decidan y coman la cantidad de comida que necesitan para satisfacer su hambre y poder así desarrollar de forma sana sus gustos y su responsabilidad ante la alimentación. Esto no quiere decir que les deba gustar absolutamente todo. Hay platos que no gustan y esto es normal y se debe respetar. Si se les ofrece una alimentación variada y sana, no pasa nada porque haya algún alimento que no le guste. 

– Hacer de la comida un momento agradable es imprescindible; para ello fomentamos la conversación tranquila en la mesa. Cuidamos nuestra actitud serena y positiva, y no damos órdenes gritando. Las llamadas de atención son ignoradas y no decimos nada. Si vemos que no comen, animamos a comer un poquito más ¡Qué bien! ¡Qué mayor! 

– Si el rechazo del niño es realmente firme no nos debemos empeñar en que coma; probablemente, al ofrecerle el mismo plato en otra ocasión pueda aceptarlo. Adquirir hábitos saludables de alimentación es un proceso lento que requiere de mucha paciencia. Obligar a comer toda la comida del plato les enseña a seguir comiendo aunque se sientan satisfechos (pudiendo potenciar trastornos de alimentación).

– Por supuesto se deben marcar algunos límites pero siempre de una forma respetuosa y afectuosa. 

– En cuanto a la cantidad debemos ser firmes, pero flexibles… otra cosa les lleva a esconder o tirar comida bajo la mesa.

– Al conocer a los niños y niñas del grupo, resulta bastante fácil distinguir entre quien no quiere comer por falta de apetito o quien intenta llamar la atención. 

– Hay que poner cantidades adecuadas en los platos, personalizando ante el apetito de cada niño o niña. Es mejor que repitan a que se desanimen con platos que se sientan incapaces de terminar. Les resulta muy gratificante terminarse todo y luego pedir más. Moderamos la ingesta del primer plato si es de su especial agrado para que pueda comer del segundo plato y llegar al postre.

– Todos los alimentos tienen su importancia para la salud, por ello no vamos a utilizar jamás un alimento como premio o castigo. El placer (y la salud) por la alimentación es algo que debe motivar en sí mismo a la hora de comer, y no el premio de después. En su lugar, le explicamos de un modo que pueda entender (en función de su edad) por qué comer saludablemente nos ayuda a estudiar, a jugar, a estar alegres, etc. 

Con la puesta en práctica de todos estos puntos en nuestros comedores conseguimos alcanzar, en la mayoría de los casos, una sana y correcta alimentación y una actitud positiva del alumnado con respecto a la comida. La clave de que las comidas sean una experiencia agradable y educativa para los niños y las niñas está en cuidar minuciosamente el detalle. 

Nutrir física y emocionalmente a los niños

A veces pensamos que hacer el bien a quien queremos puede pasar por obligar a hacerle algo que ‘no puede’, como por ejemplo comer. Usar la comida como demostración de amor no tiene sentido… El amor se demuestra abrazando a los niños, dedicándoles un tiempo o elogiándoles… no obligándoles a comer.

En todas las etapas de la vida, si se está sano, se debe comer de todo y variado. Si confiamos en los niños y les damos libertad de elección, no sólo redundará en su salud física, sino que también será muy favorable para su autonomía, autoestima y su salud emocional. Aprender a decidir por sí mismo hace que las personas sean seguras e independientes. La paciencia y la escucha emocional nos hace alimentar no solo con amor sino con ‘respeto’ y esto nutrirá físicamente y emocionalmente a nuestros niños y a nuestras niñas. 

Debemos reencontrarnos con los niños y las niñas que éramos para tener una respuesta sensible y empática a las necesidades del comedor, y garantizar un desarrollo psicoafectivo saludable a los alumnos; todo ello sin olvidar que seguimos siendo nosotros el adulto, con nuestro autocontrol, coherencia, paciencia y flexibilidad… y añadiendo un condimento imprescindible ¡muchos mimos, abrazos y besos!

 

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Purés y papillas… ¿si o no? Aspectos emocionales de la elección.

Estamos acostumbrados a una vez llegado el momento de  introducir alimentos distintos a la leche en la dieta del bebé,   dárselos en forma de papilla o puré.

Costumbre que hoy día muchos expertos nos están diciendo que no es del todo acertada. Algunos como Gill Rapley, subdirectora de la Iniciativa para los Bebés de UNICEF en el Reino Unido y autora del libro ” El niño ya come solo” que promociona el método del “baby led weaning”, que afirma que incluso este tipo de alimentos podría causar problemas de salud más adelante, retrasar la capacidad de masticar y volverles quisquillosos a la hora de comer (dificultades que tal y como observamos en el comedor escolar se dan más cada vez…). Afín a ella y quizá más conocido es el pediatra Carlos González que comparte su opinión prácticamente al cien por cien. Hay otros, que coinciden con estos especialistas en que hoy en día la industria de alimentos para bebés ha hecho que se acostumbre a los niños y las niñas a alimentarse con purés y papillas y que esto va a ser perjudicial a la larga, pero que  piensan que la introducción de sólidos debe ser de forma más gradual, entre el sexto y duodécimo mes pues el bebé puede tener alguna dificultad para ingerirlos.

En mi opinión, que no soy tan experta como ellos y ellas, cada bebé tiene su ritmo y cada madre o padre aprende a conocer y a sumar  a la buena información que busquen y reciban, esos pequeños detalles de su bebé que pueden indicar cual es el camino a seguir… Lo importante es lograr que al año, sean capaces de compartir la comida con el resto de la familia.

 En el artículo anterior ya vimos cuales eran las  recomendaciones generales de la OMS, de algunos pediatras y expertos en nutrición. Hoy me gustaría ampliar esa información teniendo en cuenta otros aspectos, sobre todo los emocionales.

Enfrentarnos a la “cuchara” por primera vez  en ocasiones puede suponer pasar  por momentos que crean verdadera ansiedad…algo que se va a  trasmitir sin querer y  con facilidad al bebé.

Por eso lo primero que debemos tener en cuenta es que el momento  que elijamos para comer sea  un tiempo de tranquilidad y relajo, dejando de lado prisas, preocupaciones  y expectativas. En el que la paciencia sea nuestra mejor aliada y amiga.

Partiendo de aquí, me gustaría añadir mi propia experiencia, rescatando del baúl de mis recuerdos las recomendaciones que me hizo  mi abuela materna al observar de cerca la situación que se estaba creando en mi hogar ante las dificultades de mi primer hijo para aceptar los purés.

 

 

Aitor de bebé, ya tenia muy claro lo que quería: “aprender incesantemente”, pasión que quien le conoce bien sabe que hoy día todavía mantiene. Disfrutaba sin descanso de investigar y descubrir el mundo, para ello, lo más apropiado a sus seis meses era que todo tuviese paso por su boca. Cualquier objeto que quedaba a su alcance adecuado o no (sonajero… paquete de toallitas o pañuelos de papel, lápices, monedero, llaves, etc.…) estaba en peligro de acabar lleno de babas o machacado por sus pequeñas mandíbulas…Sin embargo, a la hora de comer y cuando veía acercarse la cuchara arrancaba a llorar y ante nuestra preocupación e insistencia terminaba rechazándola con verdadera angustia. Y yo, desesperada cada día un poco más, no dejaba de preguntarme el porqué de aquel comportamiento.

 No había aceptado muy bien el cambio del pecho al biberón, creo que ya os lo he contado en otro post, y aún estábamos en el proceso de adaptación.  Y ahora, no quería papilla… ¿podéis imaginar mi tensión, agobio….y sufrimiento?

 Probé a hacer de “todo” (¿los bebes aprenden a comer con papillas, no?)  sin grandes resultados. Ni siquiera el pediatra ni la enfermera con sus indicaciones lograron orientarme. Pensar que estoy hablando de algo que  sucedió hace 26 años…

 Al final, lo que vino a “salvarnos” fueron los sabios consejos de mi abuela  y de mi propia madre, consiguieron mitigar el problema antes de que derivase en un conflicto peor. Paso a contároslo…

Me aconsejaban machacar tan solo un poco sus alimentos y ofrecérselos de ese modo. Mi abuela recordaba  que su madre lo había hecho con sus hijos e hijas  incluso masticando un poco la comida con sus propios dientes antes de dársela. Algo que después he conocido  siguen haciendo las tribus “sin civilizar” todavía existentes. Qué es como suponen los antropólogos hicieron nuestros ancestros.  Desde luego, ni en ese momento ni en este, esto último me parecía ni muy higiénico ni necesario, pero permití que le diesen gachas y la comida aplastada con el tenedor y para mi grata sorpresa todo empezó a ser aceptado por él de buen grado.

-“Y ¿no podría atragantarse?…prefiero seguir dándole purés…– Superado mi miedo a un atragantamiento ya que la textura de las papillas y purés me parecían más adecuadas para evitarlo,  descubrí que no era  la única opción. Un plátano maduro, una pera o una zanahoria cocida ofrecían a mi bebé la posibilidad de saborear una textura menos uniforme. Me dije a mi misma: “No puede comer papillas toda su vida…”

 Permití también que sentado en mí regazo y en el momento de la comida familiar,  comiese por sus propios medios (sus manos) los alimentos que yo misma estaba comiendo  (paella, macarrones, pescado desmenuzado, fruta y hortalizas en trozos adecuados para su agarre… Era tan evidente que tenía predilección por esta forma de comer, le hacia feliz y…. buff,  a mi ¡también!

 Le hacia disfrutar, descubrir los alimentes nuevos de un modo más placentero que  aquel que era simplemente abrir la boca para que le diesen una cucharada tras otra… ¡tras otra! hasta que él cerrase la boca con determinación… y aún así tener que acabar enrabietado y llorando al ver que continuábamos: “una cucharada más por papa…” “otra por mama…” “abre la boca mi amor, mira que viene….¡ un avión!”.

 Por fortuna para mi hijo y para mi, las abuelas no habían olvidado de donde procedían y como se hacían antes ciertas cosas, el cómo se alimentaba a los bebés de antaño. Siendo la leche materna la base de su alimentación durante seguramente varios años y por ello proporcionándoles los nutrientes esenciales (la leche, por sí sola, cubre las necesidades nutricionales del bebé hasta, aproximadamente, el año de vida y sólo sería necesario un aporte extra de hierro, que se extrae con la ingesta de carne), tomaban frutas maduras aplastadas, carne premasticada y gachas de cereales menos procesados que los actuales como primeros alimentos.

 Gracias a que yo también recuerdo muchas cosas de mi infancia, estoy segura que las decisiones y acciones de la persona adulta repercuten en los sentimientos de los niños y las niñas y esto en su forma de “ser” futura… decidí no resignarme, obligarle o condicionarle. Una criatura no se niega con rotundidad ni llora ante los cambios con intención de fastidiar o ponernos a prueba, son recursos naturales y de supervivencia que aún poseen. Ser hija y recordarlo me ha resultado muy útil a la hora de ser madre, así como que dos de las mujeres más importantes de mi vida recuerden también sus experiencias y la sabiduría que estas encierran.

 “Cuando el objetivo te parezca difícil, no cambies de objetivo; busca un nuevo camino para llegar a él”. Confucio

 Posteriormente, dos y cinco años después, llegaron sus dos hermanas y no dude en cual debía de ser la forma de alimentarlas. A la edad recomendada puse a su disposición el placer de alimentarse, que pudiesen saborear los alimentos y disfrutar de sus diferentes texturas y hacerlo por si mismas, que pudiesen decidir de una forma mucho mas activa que alimentos tomarían y cuanta cantidad comerían de lo ofrecido ese día, posibilitó que pudiesen compartir enseguida el menú del resto de la familia.  Evitando también de paso conflictos y mucho malestar …Como suele decirse, el primero abrirá camino para el que venga luego…

 

 

 

 ¿Por qué elegir alimentación Autorregulada?

Al permitir que tomen los alimentos con sus manos, pudiendo explorarlos, llevárselos a la boca, dejarlos de nuevo en la mesa… estamos permitiendo al bebé “gestionar”, adoptar un papel activo en su propia alimentación.

 De esta manera, al dejarle decidir qué alimento quiere tomar (entre los alimentos saludables que se le ofrecen), a qué ritmo lo quiere ingerir, qué cantidad quiere meterse en la boca cada vez y cuándo quiere dejar de comer, estamos utilizando una actividad vital, imprescindible, que es la alimentación, como motor de desarrollo.  Algo también muy importante para su desarrollo emocional.

 Esta  actitud activa le ayudará a desarrollar estrategias creativas, en el sentido de buscar alternativas y diferentes opciones ante una misma situación (suena a incentivo dicho así, ¿no?). Pues si, lo cierto es que se le plantean retos continuamente a la vez que se enfrenta a una actividad estimulante y  de una gran riqueza sensorial

“¿cómo tengo que agarrarlo? ¿Cómo me lo voy a llevar a la boca? ¡Vaya, se me ha caído…! Voy a intentarlo de nuevo…”

 Una riqueza que va a perderse cuando alimentamos al bebé exclusivamente con triturados o purés.

Al sentirse capaz de intervenir en su entorno de manera activa, se  siente también competente y eficaz,  lo cual es muy positivo para el desarrollo de una buena autoestima.

Si puede decidir qué alimentos va a comer  y en qué orden va a hacerlo, la frecuencia en que se los llevará a la boca y la cantidad de ellos que desea comer…sentirá que puede elegir y esto ayudará al aprendizaje de toma de decisión, tan importante para el futuro.

 

 Pero no solo son ventajas para  niños y  niñas,   padres y madres también pueden beneficiarse emocionalmente de alimentar a sus hijos e hijas de esta manera.

 El hecho de confiar en la capacidad natural del bebé para autorregular su alimentación, hará que las preocupaciones y los conflictos  en torno de esta desaparezcan casi por completo. Y esta confianza en las capacidades innatas de nuestros hijos y nuestras  hijas se incrementará y se trasladará a muchos otros aspectos de la crianza.

Es evidente que la inmadurez del bebé hace imprescindible su cuidado para garantizar la supervivencia. Sin embargo, al contrario de lo que creemos,  esto no significa que los bebés nazcan completamente desprovistos de capacidades. No en todos los aspectos relacionados con su desarrollo necesitan la guía y determinación del adulto ya que poseen estrategias naturales orientadas a su supervivencia, a reclamar la protección que necesitan.

Tanto es así, que nada más nacer, es capaz de identificar cuando tiene hambre, sabe orientarse hacia el pezón de la madre, reclamar  el pecho, el alimento, siempre que lo necesita y regular la cantidad de leche de cada toma para satisfacer su hambre. Si confiamos en que biológicamente esto es un hecho ¿por qué preocuparnos de si come o no  lo suficiente?

Hay que reconocer que las recomendaciones sociales sobre horarios, cantidad y variedad de comida pueden  ejercer una presión muy fuerte sobre madres y  padres. Haciendo, en numerosos casos, que sientan inseguridad y  pierdan esa confianza en la capacidad innata y demostrada al nacer de su bebé. Es entonces cuando dan comienzo las preocupaciones…pero podríamos evitarlas ya que al repensarlo seria fácilmente deducible que si era capaz de autorregularse durante la lactancia podría seguir haciéndolo cuando introducimos la alimentación complementaria en su dieta, ¿no?

 ¿Por qué se empeña la sociedad en dictar pautas o normas que van a chocar con lo que nos dicta nuestra propia genética?

Permitir la “autorregulación” es una forma de respetar algo que es innato y  natural en el ser humano, es parte de su instinto y le permite estar en contacto con sus propias necesidades y esto de alguna forma le ayudará a ser capaz de ver las de los demás conforme vaya creciendo. Este respeto desde sus seres más queridos formará parte de los valores más importantes que se pueden trasmitir, aquel menor que es respetado en sus necesidades más básicas no necesitará que nadie más le enseñe a respetar.

 El niño y la  niña deben ser comprendidos y acompañados, no frustrados para adaptarse a unas normas tan poco “lógicas”, en muchas ocasiones. Debemos informarnos para conocer que es capaz de comprender y que puede pretender a tan corta edad, ya que cuando se den situaciones que en su aprendizaje de la vida nos presenten una confrontación o dificultad, podremos abordarla y solucionarla con los recursos adecuados. Sumado al instinto que está ahí, en nuestro interior ya que como mamíferos lo tenemos y lo expresamos en muchos momentos de nuestra vida, pero por alguna razón nos cuesta más exteriorizarlo precisamente cuando más lo necesitamos: ¡cuando estamos criando!

En el momento que comprendemos esto… cambia nuestra forma de educar y la vida de toda nuestra familia cambiará también con ella. Se terminarán las temidas luchas de poder (o gano yo… o gana él o ella), un sin sentido que no crea más que malestar.

 Los niños y las niñas necesitan ocuparse de si mismos muy temprano. Les da seguridad, confianza y empoderamiento. Debemos guiarles desde el entendimiento hacia la autonomía y la independencia paso a paso, respetando el ritmo de aprendizaje e interés que particularmente tengan. Sus ritmos no tienen nada que ver con el que siguen las personas adultas y  pretender que lo hagan puede suponer incluso un retraso de los mismos.

Podríamos decir que permitir la autorregulación es hablar del aprendizaje por medio del placer, de la importancia del trato a la infancia, de no frustrar ni reprimir las emociones infantiles, etc. Hablamos de cambiar el mundo de la única manera posible, desde la infancia y el trato que recibe.

 

 

Algo habitual en mis charlas, en mi trabajo con familias es la frase “si lo hubiese sabido antes…” Veo reflejado en sus palabras y en su mirada el sentimiento de culpa que yo misma tenia, cuando comencé a nutrirme de otro conocimiento, ante cosas que creí haber hecho mal con mi primer hijo por falta de información. Me hice consciente de que no podía plagar su infancia de un error tras otro suponiendo que al final todos sobrevivimos y llegamos al periodo adulto sin ninguna consecuencia.

Las familias deben tener libertad para decidir, pero también información veraz y contrastada entre este maremágnum de opiniones e información sin contrastar, a veces muy dañina.

 Hoy día vivimos de manera muy diferente a la de nuestros ancestros, en un principio nuestra especie parecía estar diseñada para vivir en tribu. Se veían y compartían las sabidurías sobre partos, lactancias, crianzas…Hoy seria algo inaudito con lo cual no sabemos muy bien lo que hay que hacer. Necesitamos información, y un tanto perdidos buscamos manuales de instrucciones y soluciones mágicas, pero estas no existen.

Por eso, desde estos post, he querido ofrecer mi experiencia, mis conocimientos y los de otros expertos junto a  mis propias reflexiones, por si os permiten clarificar un poco más las bases para dar con vuestra propia solución, ya que no existen las soluciones generales (cada niño es un mundo, cada familia es un mundo, cada situación es un mundo), pero sí el conocimiento para que lo más adecuado para cada niño, familia y situación particular, salga de manera más fluida.

 Quiero terminar haciendo hincapié en que cuando cada familia valore y tome su propias decisiones lo haga teniendo  algo muy importante en cuenta: que el objetivo de la alimentación complementaria no es nutricional sino educacional. Es importante conocer y comprender que la aproximación a los alimentos complementarios está más dirigida a la exploración, al conocimiento y a la habituación a las nuevas texturas y sabores que a la nutrición

Entonces ¿Para qué tanta prisa? Tienen que aprender a comer “normal”, y cuanto antes lo hagan será mejor pero en este sentido tenemos tiempo para hacerlo despacito. Necesitan aprender a hacerlo entre los 6 y los 12 meses, cuando sea posible, y lo es en cada niño y niña en diferente momento, para evitar que con dos y tres años su dieta sea muy poco variada, que casi todo lo quieran comer en puré, triturado al extremo ya que un trocito o grumo en él pude hacerles pasar un mal rato, dándoles arcadas para  incluso terminar vomitándolo. Se convertirán en malas experiencias que les apartarán de vivir como algo agradable el momento de comer, imprescindible para  facilitar su aprendizaje, su desarrollo fisiológico y su bienestar emocional.

 

Espero haberte ayudado si estas en esta etapa o tienes a alguien cercano en ella, facilitándote una información apropiada o que te ayude , si es necesario, a deshacerte de toda esa información inadecuada para crear una nueva que te convenga más y os haga más felices. Decirte que no importa como hayas sido como mamá o papá ni como eres ahora mismo, si no lo que puedes llegar a ser. Y puedes llegar a ser la madre o padre que desees, el abuelo o abuela que necesitan tus nietos y nietas…

Observando a cualquier  bebé y analizando lo que nos hace sentir el simple hecho de hacerlo podemos ser conscientes con facilidad que son pequeños, indefensos, dulces y huelen tan bien precisamente para provocarnos esa comprensión y ternura que necesitan de nuestra parte para que les atendamos, alimentemos, etc. Lo llevamos en la sangre, en los genes y gracias a eso la humanidad no llegará a extinguirse. No dejemos de mirarles en ningún momento como se merecen….

 

Un saludo y como siempre gracias por tu interés.

 

Rocío Martín (www.comedorsaludable.org)

 

 

 

 

Aquí os dejo un par  de vídeos sobre el tema,  en ambos Carlos González , pediatra que conoce de primera mano las dudas y los temores más habituales en madres y padres y que ha escrito varios libros en los que intenta ayudar a despejar esas dudas, explica cómo se ha de iniciar la alimentación complementaria. (El de menor duración es con sonido en catalán y subtítulos en castellano…)

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