Septiembre: el Mes de los divorcios.

El pasado miércoles, leíamos publicado en el Diario de Navarra, un destacado sobre el aumento  de los problemas y rupturas de pareja en el mes de septiembre, y es que las estadísticas no engañan. Desde que se legalizará el divorcio en España, el mes de septiembre es el mes del año en donde se deciden el 33 % de los divorcios, lo que significa que uno de cada tres divorcios se produce tras la vuelta de vacaciones.

Y es que el verano no solo es una época ideal para desconectar de la rutina, descansar y cambiar los hábitos y ritmos frenéticos que llevamos durante todo el año, sino que también es un periodo de tiempo donde todos aquellos conflictos existentes en la pareja que el día a día camufla, se manifiestan y donde dedicamos más tiempo a reflexionar sobre los mismos y quizá a tomar decisiones que llevamos posponiendo ya bastante tiempo.

reflexionar en la playa

Psicólogos y expertos en la materia aseguran que si una pareja está bien, después de la época estival estará mejor. En cambio, si la relación va mal los días de vacaciones serán determinantes y podrán pasar factura con la llegada del otoño.

Más allá del tiempo en común que las parejas pasan durante el periodo vacacional, o de la necesidad de independencia que cada miembro de la pareja necesita y que se ve comprometida durante el verano, podemos encontrar otros motivos que justifican el aumento de los divorcios tras las vacaciones.

Desde el punto de vista jurídico la explicación es tan sencilla como que durante el mes de agosto los juzgados de familia permanecen cerrados por lo que las demandas de divorcio se acumulan produciendo ese aumento en el número de asuntos a conocer por los Juzgados de familia en el mes de septiembre.

Si ahondamos un poco más en el problema, podemos encontrar otras causas que están en la base de las dinámicas relacionales de la pareja. Es durante el verano donde se pone a prueba el modelo relacional de la pareja, los procesos de comunicación y toma de decisiones consensuada que se tienen implantados, la conciliación entre la vida familiar y profesional de ambos cónyuges, el compromiso e implicación con la unidad familiar, prueba que en muchas ocasiones no es superada, dando lugar a sentimientos de insatisfacción y necesidad de cambio.

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En ocasiones este cambio no implica iniciar un proceso de divorcio, sino que requiere tomar conciencia de todo aquello que nos está provocando esta insatisfacción dentro de la pareja, para asumirlo y abordarlo con valentía iniciando nuevas dinámicas de relación. En nuestro despacho trabajamos con parejas que habiendo detectado esos primeros síntomas de insatisfacción deciden realizar unos pactos de convivencia que les ayuden a superar los problemas mejorando sus habilidades de comunicación, negociación y resolución de problemas, que prevenga al aparición de nuevas dificultades en el futuro.

Sin embargo, en otras ocasiones, la única y mejor solución para esa pareja es el divorcio. Si tu solución es esta, nuestra recomendación es que busques información profesional sobre cómo abordar el proceso de divorcio, y elijas la opción que mejor se ajuste a tu situación personal y a la de los terceros indirectos que van a verse afectados por esta decisión (hijos, abuelos, familia extensa, amigos, etc.).

Por nuestra experiencia en el despacho sabemos que iniciar un camino desconocido como es el proceso de divorcio, genera mucha ansiedad, por lo que disponer de una información sobre las diferentes vías que existen de abordarlo, ayuda a rebajar esa tensión.

Si además de divorciarte, quieres hacerlo de forma dialogada y consensuada, sin duda la Mediación es tu opción. Si te encuentras en esta situación, estaremos encantadas de ayudarte.

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