La princesa Peach se hace rojilla

¿Habéis jugado alguna vez al Súper Mario Bros.? Sí, hombre, sí. Ese jueguecito de plataformas protagonizado por un fontanero italiano que va de azul y rojo, como nuestros rojillos, que se marca un bigotazo estilo José María Íñigo cuando la tele era a dos colores, los mismos que canales podíamos ver en este país de rombos y Chichos Ibáñez Serrador y que tenía que rescatar a la princesa Peach de las garras de la Koopa Troopa y de su jefe, Bowser. El protagonista se llama Mario, como nuestro portero, y es un héroe al uso capaz de comerse setas (no alucinógenas, ojo), de montar en dinosaurio y de vestirse de pingüino para deslizarse por mundos de hielo, arena y castillos encantados. Un pasarratos entretenido que sigue haciendo adeptos en el mundo y que, según cuentan desde la compañía nipona Nintendo, va a saltar al móvil a hacernos olvidar a los pokémons…

Sergio Álvarez saluda a Súper Mario Fernández al finalizar el encuentro. Ambos dejaron su marco a cero. DAVID GARCÍA

Sergio Álvarez saluda a Súper Mario Fernández al finalizar el encuentro. Ambos dejaron su marco a cero. DAVID GARCÍA

El caso es que contra el Celta de Vigo, equipo que nos trae a la memoria el año del descenso ya que clavaron la penúltima tachuela de nuestro ataúd, Súper Mario frenó las acometidas de la Koopa Troopa del Toto Bowser Berizzo y nos dio el segundo punto en el año del regreso, que no es poco. No sirve para salir de los puestos malos, pero ayuda de cara al final, que es el objetivo. Que por cierto, y haciendo un pequeño apunte, ganicas tengo de llevar ya diez jornadas para que en todos los partidos de Osasuna no se destilen los mismos términos: regreso a la elite, falta de rodaje, inexperiencia, recién ascendido, falta se sistema, acoplamiento… En fin.

Volvemos a la aventura. Y es que el Celta, pese a que ya no juega Nolito, es un equipo cuya clasificación en la tabla es anecdótica. Un plantel lleno de grandes jugadores y que nos lo puso difícil. Si no es por el meta santanderino, nos llevamos tres en contra y a seguir remando. Todo ello en una primer parte en la que las ganas de unos y la falta de acierto de los otros marcaron el juego. Osasuna no pudo y el Celta no supo. O Mario frenó a los malos. Sin bigote, seta, dinosaurio ni nada. A manoplazo y estirada limpia. Sólo pudieron marcar en fuera de juego, bien visto por el asistente.

Martín revolucionó el centro ante la ausencia de Fausto. Imanol García, que dejó cosas interesantes, se acopló con Fran Mérida, apagado en todo el encuentro. Defensa de cinco con Clerc para las salidas, De las Cuevas en un lado y Riviere en el otro, Riera arriba. Y es una pena tener a dos jugones como Imanol y Mérida en el centro y que terminen el encuentro con tortícolis de tanto balón aéreo. Falta de rodaje y fútbol muy directo. Los que creaban eran los celtiñas.

Tras el primer nivel se llegó al segundo, con los celestes achuchando el marco rojillo y los nuestros agazapados, tratando de aprovechar la velocidad a la contra de Jaime Romero. Pero era la mañana de Súper Mario Fernández Cuesta. Ayudado por el larguero en dos ocasiones, una por cada entrega, el meta frenó a los malos, a los de celeste, a Bowser Aspas, a Toto Koopa Berizzo, a Huesitos Guidetti, a Troopa Rossi. A todos los frenó de puños, de estirada, aguantando delante, volando sobre las nubes con el fin de que la princesa Peach se fije en él, ya que pocas aventuras había podido disfrutar el bueno del cántabro. Demostró que está preparado para cuando le llamen, y eso es de elogiar por el trabajo de Sanzol y compañía, ya que el puesto de portero es de los más ingratos que hay.

Lo sé de buena mano. Mis primeros pinitos en esto del fútbol fueron, precisamente, de portero. En el Sporting 77, en el colegio José Vila. Éramos filial de Osasuna, para no variar. Eran otros tiempos, e igual por mi naturaleza guindilla escogí jugar bajo el larguero en futbito, porque entonces no existía el fútbol sala ni mucho menos el futsal. Era futbito, los campos eran de cemento, los guantes amarillos o verdes, Mikasa, y con puntitos. Y los partidos se jugaban al descubierto, para hacernos más hombres sería… De ahí que sienta predilección por los que juegan con guantes.

Me imagino a Mario de pequeño, eligiendo la posición que nadie quiere en el recreo del colegio, de portero, con su soledad, siendo la ocupación más señalada ya que si se falla, te condenan, y si aciertas, es tu trabajo. El portero es lo último que ve el delantero antes de conseguir su meta, el gol. Es el que aguanta lejos, a casi cien metros, cuando sus compañeros atacan. Se le exige concentración todos los segundos del partido, que sepa jugar con los pies, que salte y despeje de puños, que se estire todo lo largo que es para despejar o parar el cuero, que aguante de rodillas el uno contra uno y que ordene a los suyos atrás. Es el último, pero a la vez el primero. Y en este juego de la Primera División al que ha regresado Osasuna, podemos decir que Súper Mario está preparado para cumplir con garantías, está listo para convertir a la princesa Peach y hacer que cambie ese rosita pastelón por el rojillo osasunista.

¡Hasta la muerte, Forofillo hasta la muerte!

 

Comentarios (1)

(Comentarios cerrados)

 
  • Miguelito
    19/09/2016 | 17:53

    SuperMario el portero, superpunto el conseguido, superdificil división la primera, superarticulo del forofillo. Me voy al supermercado.