Los galgos y los burros

Tirando de refranero popular podemos acordarnos de que “a quien madruga, Dios le ayuda”. Pues eso parecieron pensar los rojillos a la sombra de la Dama de Elche. Porque sin cumplir un minuto, un pepinazo convertido en churro de Matej Pucko (Puchko al pronunciarlo) se convertía en el 0-1 para los nuestros. Sin apenas calentar el sofá con las posaderas ya ganábamos. Volvía Osasuna. Volvía el líder.

Olavide y Oier observan la pelea de un compañero con un rival del Elche. LFP

Olavide y Oier observan la pelea de un compañero con un rival del Elche. LFP

Pero nada más lejos de la realidad. Porque 94 minutos después, con la derrota en el bolsillo y sin aire en las camisetas, la victoria se quedaba en casa de los ilicitanos, para disfrute de su domingo, y la derrota se venía a Pamplona. Segunda consecutiva. Saltan las alarmas. Pi, pi, pi, piiii… Tampoco nos vamos a volver locos. Que esto es más largo que un mes de 31 días y con 50 euros en la cartilla para el día 6.

El caso es que Martín volvía a retomar la presencia de Olavide y Pucko desde el primer minuto, con el acompañamiento de Maikel Mesa en el centro del campo dada la sanción por amarillas que tenía el hijo de Miguel. Y el arranque, fulgurante y efectivo al cien por cien algodón, nos hacía prever un partido bonito. De choque. De calidad. De esos que a los de la Liga Adelante les gusta vender como ‘match’ de Primera. Aunque todavía estoy por ver de qué primera dicen, que existe la Regional, la Preferente, la Juvenil…

Con la ventaja y aparente tranquilidad que daba el chicharro del esloveno ya empezaron a asomar cosas de esas que Papuchi denominaría “raras, raras, raras”. Como el freno de mano en Unai García, las descolocadas de Javier Flaño (aunque en el caso del de Noáin no es que sea tan raro), las dudas en el centro de la zaga y los nervios cuando apenas se lleva un cuarto de hora jugando.

Para confirmar las rarezas, primer cambio en la zaga. Tano se retiraba con molestias y le suplía David García. Y éste, a puntito de caramelo estuvo de irse también tocado, para que entrara Lotiès, pero al final se quedó en un susto. Que me imagino al bueno de Jordan, calentando para suplir al que había suplido a Tano, mientras pensaría que con el mal fario del puesto, con la misma se rompe el tercer tendón de Aquiles. Al final, quedó en un susto.

Aunque para sustos los que nos dio Sergio León. El chaval es un monstruo, un delantero como la copa de un pino. Un killer de esos que, a la mínima que huelen sangre, hinca el diente y no suelta. Y precisamente él fue el que nos empató. En una jugada que, según los sabios senadores del Pus, fue la contra perfecta. Perfectos mis cataplones, oigan. Que si llega a haber más rebotes, cuenta como gol-pinball. Pero entró.

Entró cuando sacábamos de banda en la diestra de nuestro ataque, en campo del Elche. Entró porque en la disputa en el centro del campo no se atinó a despejar. Entró porque Unai García, con el freno de mano echado, saltó como lo hace un servidor en el Boscos con el Anaitasuna. Blandito. Mal. Sin fe. Dando facilidades al rival para que le eche más maíces y la gane. Entró porque el repliegue brilló por su ausencia. Entró porque I, con pintas de hipster pero un jugadorazo como la copa de un pino, la cedió a puerta vacía al mentado Sergio León. Y entró porque estaba de entrar, ya que el delantero le pegó al cuero con el pie de apoyo.

Para estas alturas, otra de las cosas raras, raras y raras que habían aparecido fue la desaparición, valga la redundancia del palabro, de Olavide. Cuando el chaval está de jugar al fútbol, miel sobre hojuelas. Cuando está de que no, y esta vez así fue, apaga y vámonos. Descanso, 1-1 en el luminoso. Calor en Alicante. A ver cómo se presenta el segundo tiempo.

Pues la reanudación nos trajo fantasmas del año pasado. Nos trajo ese Osasuna ramplón, sin cabeza, sin empuje. Pese a que se salió achuchando a por el gol de ventaja, con Álex ‘Vanilla Ice’ Berenguer por el goleador Pucko (que se pronuncia Puchko), todo se quedó como en la primera parte, aunque con castigo mayor. Aquí sí que vale el dicho de “arrancada de galgo, llegada de burro”. En general para todo el encuentro y, en particular, para la segunda parte. Porque los rojillos se desinflaron.

Tras el espejismo inicial, los de Rubén Baraja tomaron el mando y empezaron a achuchar. Ganaban en tensión, en las disputas, en los balones sueltos, en los despliegues con apoyo a los laterales, en las ocasiones. León rondó el gol, Cifuentes rondó el penalti. El pitolari se puso el traje de casero, y no precisamente del Batzan. Y de ahí al final, rosario de despropósitos y derrota rojilla.

Despropósito uno de Javier Flaño. Segunda tarjeta por conejo, igual que la primera, y dejas a tu equipo con diez. Despropósito dos, el del pitolari. Uno ya empieza a tener la vaina sudada de que, cuando jugamos lejos de Pamplona, nos toquen los árbitros caseros. Y cuando lo hacemos en El Sadar, chiflen los valientes. Amos, hombre, no me jod…s. ¿Penalti lo de Nauzet? Vale, pues se pitan todos los contactos y pasamos al equipo a la Asobal. 23-22 por partido. En fin…

Y eso que el primo Pérez a puntito estuvo de pararlo, metiendo la manopla derecha. Pero el envío de Illie, que nada tiene que ver con la Cobra, era potente. 2-1. Uno menos. ¿Y ahora? Ah, claro. Vamos a tener la suerte que en su día, concretamente dos jornadas antes, tuvo el Tenerife. ¿Qué no? Ya verás…

Una que tuvo León a bocajarro, para empujar con la testa y no atinó. Otra de los locales que era la sentencia. Y no atinaban. A que la tenemos… Nada. Está visto que los tópicos de que “con diez se juega mejor que con once” o “si perdonas, acabas pagándolo” nunca caen de nuestro lado en la balanza de esto del fútbol. ¡Maldito Murphy y su ley! Ya empiezo a cansarme de ser la mantequilla de la tostada…

Con o sin Murphy, la única máxima que nos afecta es la del galgo y la del burro. Y esa, el pasado año, estuvo presente un partido sí y otro también. Empezamos con gol, jugamos bien, corremos como galgos para, en un momento dado, nos ponen la venda en los ojos y empezamos a cocear. Coceamos hasta que nos empatan. Coceamos hasta quedarnos con uno menos. Coceamos hasta que nos superan. Coceamos hasta perder.

Vamos a cambiar el cocear por el cocer, que se parecen. Esto es largo, amiguitos. Y el próximo domingo hay otra reválida. Hay que cocinar, y muy bien, el menú para ganar al Mallorca y hacer de El Sadar un campo del que ya no se escape ningún punto. Si quieren ayuda en los fogones, que hablen con mi brother Luis. Pero si quieren cocinar el triunfo, que hagan caso a Martín. A Martín y a la dosificación, que me da que el oxígeno también tiene culpa. ¡A por las ensaimadas, rojillos, como galgos desde el primer minuto y hasta el último de todos!

¡Hasta la muerte, Forofillo hasta la muerte!

 

Comentarios (1)

(Comentarios cerrados)

 
  • Miguelito
    10/11/2015 | 09:43

    No me preocupa el resultado, pero sí la actitud, parecía un partido de la temporada pasada.Para el próximo encuentro y sucesivos, necesitamos que salgan los galgos.