Amanecer rojillo

Domingo de tensiones, con amanecer soleado y el umbral de la tragedia flotando en el aire. Día de misa y rezos, de confianza y temores, de alegrías y penas. Comida de nervios con el estómago medio vuelto, con ansiedad en cada poro de nuestra piel. Tarde de esperanza, de sonrisa forzada y caminar nervioso rumbo a El Sadar. 90 minutos de todo o nada, ese ying-yang que dibuja una fina línea entre quedarte en Segunda División o caer al pozo de la desaparición. Y de marco, una Comunidad, una afición, un club con 95 años de historia que lleva una temporada recibiendo golpe tras golpe, derechazos en el mentón e izquierdazos en el pómulo que nos habían dejado KO demasiadas veces. Pero un detalle con el que casi nadie contaba: la sangre que bombea nuestros corazones es roja, como la elástica de nuestro equipo, como ese roble montañés y el vino de la Ribera. Tembló, por fin, Navarra entera. Pero de gozo. Huímos del pozo porque Osasuna nunca se rinde.

Oier acude a presionar a Víctor Díaz durante el encuentro. STEFAN D.G.S.

Oier acude a presionar a Víctor Díaz durante el encuentro. STEFAN D.G.S.

Un descenso. Un proceso judicial mortal para el club de nuestros amores. Tres entrenadores, uno de ellos casi infartado. Una desbandada de figuras y figurines que dejó huérfana a la plantilla. Una apuesta por la juventud, casi por obligación más que por convicción. Un mal juego, un gol no señalado en Pucela. Un mal pase de Nekounam, una relajación en Leganés. ¿Quién puede soportar estos palos?¿Qué afición tiene las agallas suficientes para levantarse una y otra vez, para animar incansablemente al equipo? Hay que estar hechos de una pasta muy especial. Y los osasunistas lo estamos.

Martín no se rajó. Fiel a su ideario de basar el encuentro en la solidez defensiva y contando con los más comprometidos, dibujó un once con siete canteranos de rojo acompañados de Sisi, Nino, Riesgo y Vujadinovic. La defensa, no se cansa de repetirlo el de Campanas, es la base en esta Segunda División tan aguerrida. Y esa idea fue la que al final de los 93 minutos nos dio la victoria casi salvadora. Y enfrente, un Recreativo de Huelva plagado de jugones, como Pedro Ríos o Núñez, al alza tras dos triunfos consecutivos que, de convertirse en tres, igualaba a 41 puntos con los rojillos a la espera de la última jornada. Casi nada.

Pero El Sadar es El Sadar. Por un partido, por una tarde, por una bendita vez, sí que fue el talismán. Se esbozó lo que debería ser el plan para la próxima campaña, con la permanencia en el bolsillo, de cara a acometer objetivos más altos. Y desde el minuto uno hasta el 93, con Riau-Riau por medio, con jaleo del bonito que pone los pelos de punta, volvió a erigirse el feudo rojillo en el castillo inexpugnable que tanto nos gusta que sea.

Los rivale salieron con la necesidad de la victoria y pronto enfilaron la meta de Riesgo. Pero la seguridad defensiva y el vecino aguantaban las acometidas. Las faltas laterales en contra se convertían en estiletes que amenazaban con cortarnos la aorta y desangrarnos hacia la Segunda B. Sólo la falta de acierto de Núñez y compañía impedían que el mal comenzara a tomar forma y los nubarrones cubriesen el veraniego cielo de Pamplona.

La fiesta de la grada, con el Día de las Peñas incluída, veía cómo el marcador indicaba el primer cuarto de hora de partido. Torres cogía el balón para colgar el centro a la olla. El público se venía arriba, tan arriba como Nikola Vujadinovic. El serbio-montenegrino aprovechó el balón con lazo que le enviaba el canterano y cabeceaba un obús que Sotres no pudo más que rozar. 1-0. Y los pinganillos, las radios, los transistories, los whatsapps y todo engendro electrónico narrando el empate sin goles entre el Racing de Santander y la Ponferradina.

Esto de ser pobre es que siempre dependemos de los demás. Para comer, para no pasar frío, para dormir, para sobrevivir… Y en esta ocasión todos esperábamos que la Ponferradina no dejara ganar al Racing de Santander en El Sardinero, con el fin de lograr una victoria que nos permitiera depender de nosotros mismos en la última jornada. Tan enrevesada era la situación que se aplaudían los goles de Las Palmas en La Romareda. ¿Razón? Si perdía el Zaragoza, y ganaba la Ponferradina, los bercianos llegaban a la última jornada con opciones de entrar en el play-off por el ascenso. Y Osasuna se beneficiaba, siendo el Racing el perjudicado.

Gol de Las Palmas. Las nubes empiezan a aclararse. 0-0 en Santander. La primera parte de Pamplona está a punto de terminar. Nueva falta lateral, en el mismo sitio que la del primer gol y en el mismo lugar de la que acabó en el remate al palo de Loé. Torres vuelve a sacar su paleta de artista, da un brochazo al cogollo del área, peina uno de los Flaño y por allí que pasaba David García. ¡PUM! Zurdazo cruzado imparable. 2-0. Y descanso para alegría coronaria del respetable…

En la segunda parte los de Martín contemporizaron. Como debe ser. Un nadar y guardar la ropa que no se había hecho en toda la temporada y que, esta vez, cuando hacía falta, se cumplió. Yuri saltaba en Santander para dar peligro a los visitantes. Los locales lo intentaban pero se topaban con un meta llamado Dinu Moldovan que impedía el gol una y otra vez. Balón a la esquina para la Ponferradina. Centro templadito y cabezazo a quemarropa, a gol, directo a la fase de ascenso y a la salvación de Osasuna..

El gol berciano se celebraba en El Sadar como si fuera propio. El Recre veía con impotencia cómo el orden defensivo de los nuestros cerraba cualquier portezuela rumbo al milagro. Los santanderinos se volcaban contra la meta rival. Osasuna dejaba pasar el tiempo, alejando el cuero e incluso disponiendo de alguna que otra ocasión para abrir más brecha en el luminoso. Entramos en la recta final del partido, de la penúltima jornada. Más pendientes de Cantabria que de Navarra.

Moldovan hacía la parada del partido y evitaba el empate, los santanderinos no atinaban, el balón lo conducían los visitantes a terreno ajeno, lejos del peligro. Contemporizando ellos también, viendo pasar las nubes, tic, tac, tic, tac, tic, tac… Y los colegiados bajaron la persiana a la jornada. Finalizó Pamplona. Finalizó Zaragoza. Finalizó Santander. Finalizó Tenerife. Finalizó Barcelona. Las nubes se disiparon de pronto y la parroquia rojilla vio un amanecer claro, limpio, impoluto, níveo, bendito y esperanzador. Martín casi lo había conseguido, casi había propiciado su segundo amanecer rojillo. Sólo falta la puntilla, en Sabadell. Ya sabés: “Si nos confiamos…”

¡Hasta la muerte, Forofillo hasta la muerte!

 

Comentarios (3)

(Comentarios cerrados)

 
  • PEPA
    1/06/2015 | 10:18

    GENIAL, DE VERDAD !!!

     
     
     
  • Miguelito
    1/06/2015 | 12:55

    Hoy he amanecido con la sensacion de haber vivido ayer un sueño, y no, fue una realidad. Parece que el de Campanas, va a volver a dar la campanada. En este amanecer rojillo, ya llueve menos.

     
     
     
  • Fernando
    2/06/2015 | 14:25

    A ver, miguelito… a ver si ahora va a resultar que el de Campanas fue quien marcó el gol de la Ponferradina…. No fastidies…. Que manía con poner al de Campanas por encima del bien y del mal… Yo te podría decir que fue por culpa del de Campanas que el domingo pasado no dependíamos de nosotros mismos, pero no lo voya a hacer, porque el de Campanas tan solo es un tipo que pasa por aquí, con decisiones más que discutibles, por cierto. En fin, y amenaza con seguir el año que viene…. Pues nada, volveremos al patadón arriba de Larrainzar, y si es posible que Moisés la pille para bajarla y ver que pasa después…. como hace 18 años, cuyo fútbol ya estaba caducado, así que, 18 años después ni te cuento… Gora osasuna!!!!!