Quejíos de lástima

Las guitarras del mundo lloran mudas por la muerte de su padre, por la marcha abrupta y demasiado temprana de su mayor mimador, un genio capaz de rasgar el instrumento de cuerda como nadie, de crear acordes inimaginables y de fusionar estilos que, naciendo del flamenco, se hermanan en mezclas más dadas en cocinas como Can Celler Roca o la cerrada del Bulli. Ha muerto Paco de Lucía.

Casadesús saltó. Casadesús peleó. Casadesús remató... Casadesús se autoexpulsó. EFE

Casadesús saltó. Casadesús peleó. Casadesús remató… Casadesús se autoexpulsó. EFE

El artista andaluz sabía exprimir su guitarra como nadie, elevar a la potencia de arte quejidos que acompasaban y ligaban unos con otros como sólo alguien superdotado puede hacer. 66 años, con pocos de ellos obligado por su padre a encerrarse en una habitación y no salir hasta que dominara a su compañera. Y vaya si la dominó. Desde estas humildes letras, mi más sentido pésame y reconocimiento a un creador que se ha ido antes de terminar su obra.

Quejidos. O quejíos, que gustan decir por las tierras sureñas de nuestro país. Pero que también se escucharon en el Ciutat de Valencia, de unos y otros aunque con sentido diferente. Los locales, tras la expulsión, para protestar, pelear, perder tiempo y arañar esos segundos a Kronos, tan del estilo de Caparrós. Y los rojillos, de verde para la ocasión, quejándose de la mala suerte, de la mala puntería, del buen portero local. Quejidos de derrota que, a la postre, son de lástima. Pero el ayer no da de comer.

Arribas. No soy dado a dar nombres ni a señalar a nadie, pero el central madrileño personificó mejor que nadie la máxima del sabio Pedromari Zabalza. “Si nos confiamos, somos muy malos”. Y lo hicimos. Alejandro se confió en el minuto cuatro, cuando el Levante no había hecho más que ceder el cuero a los nuestros. Diop recibió, el central no salió, el senegalés empaló y puso el 1-0 en el luminoso.

Y se desmontó la canción. Osasuna pasó de llevar el tempo de la música a correr desbocado, sin orden, sin juego, sin rasear ni atacar. Deambularon los nuestros por el verde hasta que llegó el segundo sonete local, otra vez con Arribas de protagonista. Espantá del madrileño, balón a Rubén, se gira y suelta un latigazo raso desde el borde de la frontal. En el minuto 42, cuando la sinfonía estaba a punto de silenciar. “Si nos confiamos…”

Casadesús. Ya que he hablado de uno, hablo de otro. Y repartimos justicia. Con la segunda parte en marcha, Osasuna trataba de crear peligro y los locales de romper el ritmo, de partir la reacción desde la base. Y tratando de exprimir las contras y la estrategia. En una de las segundas llegó la “falta” de Víctor Casadesús a su compi Vyntra. El levante jugaba sin tirarla fuera, con el jugador sangrando. Robó Osasuna. Salió Osasuna. Víctor Casadesús se puso la toga de juez y atacó brutalmente y por detrás, con premeditación y alevosía, la cabalgada de Cejudo. Roja justa y a la ducha.

Ya estamos con que si el abuelo fuma y la abuela baila demasiado. ¿Debió parar el colegiado el juego?¿Debió tirar Osasuna el balón fuera? Lo uno no sucedió, lo otro, lógicamente, tampoco. El Levante no había cedido el esférico, nosotros menos. Pero de ahí a la brutal entrada antideportiva del delantero va un mundo. La balanza se equilibraba y comenzaba un concierto nuevo.

Con media hora por delante, los de Gracia se volcaron a acortar distancias. Poniendo chicha en el asador, con un finísimo Lobato en el terreno y con Torito Acuña saltando para hacer sangre. Voleón de Armenteros, paradón de Navas. Cabezazo de Riera, mano de Navas. Centros laterales, fáciles para el portero.

Keylor. Tercera cuerda de la guitarra del encuentro, pasó de convidado de sal a director de orquesta. La seguridad y el momento que atraviesa el meta costarricense imposibilitaron a un Osasuna que buscaba el primer gol con orden y buen juego. Mientras, sus compañeros, siguiendo a lo suyo. Caparrós, Caparrós y más Caparrós.

Con los últimos acordes, esos en los que la canción va languideciendo y los minutos se escurren por el desagüe, incluso Acuña tuvo una similar a la del segundo gol del Levante. Control de espaldas, giro rápido y zapàtazo. Pero salió Keylor. Salió la manopla de Navas. La vida sigue igual en el Ciutat de Valencia mientras que para nosotros, cara mala de la moneda, nos queda la esperanza de una nueva oportunidad contra el Málaga, en lunes.

La guitarra volverá a sonar igual que Osasuna volverá a sumar tres puntos. Hay una partitura menos en la composición total y el objetivo sigue al alcance de la mano. Aunque no sea Carnegie Hall, El Sadar será el auditorio donde se cueza la permanencia. Contra los de Schuster, la grada deberá hacer de coro, como siempre, para que los rojillos sigan sumando. Y desde el cielo lo verá el gran Paco de Lucía, sujetando a su amante de seis cuerdas para toda la eternidad.

¡Hasta la muerte, Forofillo hasta la muerte!

 

Comentarios (1)

(Comentarios cerrados)

 
  • Miguelito
    14/03/2014 | 20:15

    Sigo confiando en este equipo, a pesar de partidos como este hay que estar todos juntos y cantar al son de la guitarra, aquello de: ” El once de Osasuna, valiente y luchador……..”