Muñecos rotos

Con lo que cuesta montar el puzzle para que en un pispas nos venga quien sea y nos lo tire a hacer puñetas, oigan. Y es que llevamos 22 jornadas de la presente campaña y hay alguno que todavía no sabe que esto es Primera División, que por algo ambos palabros van con mayúsculas y que esto es para gente seria y no para andar haciendo el mangarrán. Porque en El Madrigal se hizo el mangarrán con todas sus letras, principalmente en los 30 minutos que van del 46 al 76. Montas el muñeco y te lo descosen por tu culpa. Si es que…

Lobato, que hizo un buen papel, trata de frenar a Uche. AFP

Lobato, que hizo un buen papel, trata de frenar a Uche. AFP

Gracia tiró de sorpresas en el once titular del partido, dando entrada de inicio a Acuña y a Lobato. Oriol Riera, con problemas seguramente, esperaba en el banquillo, mientras que Cejudo, con rendimiento bajo en anteriores encuentros, era castigado a sentarse a cubierto a la espera de su oportunidad. Luego hablaremos de quién merece o quién no, pero en principio, con la dupla Patxipu-Loe en el centro del campo y la obligada presencia de Miguelo Flaño en la retaguardia, los rojillos parecían querer pintar un encuentro para el empate. Que la vida está muy cara y punto ser punto, que no estaría nada mal.

Con estas empezaba el partido y las ocasiones eran amarillas, como no podía ser de otra manera. Es tal la diferencia de puntos entre uno y otro equipo, amen de la economía de los bandos contendientes, que los locales tenían que salir a ganar para evitar que los leones, que una semana antes nos habían dado una bofetada con sus cinco goles, se les escaparan. Pero Osasuna aguantó muy bien el primer tiempo, la ausencia de Bruno Soriano a los mandos del submarino pesaba a los de casa y los nuestros hasta se atrevían con alguna contra que otra. Eso sí, pocas, que el gol es caro.

La mitad del Miel Otxin de paja estaba hecha. Tras una muy trabajada primera parte se había conseguido lo más difícil, mantenernos a cero, secar a sus delanteros y, de regalíz, retirar a un depredador del gol como es Uche por molestias en una pierna. Las patas de la marioneta y sus brazos estaban ensamblados y sólo faltaba que, tras lo más costoso, en la segunda parte se le colocaran los ojitos de botón, las lanas de pelo, una sonrisa y si hay chispa con un golito, hasta darle vida. Si se da el milagro, lo bautizamos Pinocho 2 y a reírnos de la vida.

Nada más lejos de la realidad. Como la Caperucita que le contesta al Lobo que va al río a lavarse los bajos, jodé cómo ha cambiado el cuento, nuestros orfebres la pifiaban al primer minuto de la reanudación. Y digo pifiarla por no decir cagarla. Un balón de los de Luengo, alabullé, una defensa escalonada y saliendo mal, un meta que era una marioneta, atado al larguero y entre ponte bien, estate quieta una cosa y la otra, llega Perbet y cuela el primero. Merci, merci, merci, dijo el galo, aprovechando la vacante del felino y peligroso Uche. Y de ahí al hoyo, poco más.

El primer torpedo del submarino amarillo dio paso a media hora de horrores contínuos que agrandaron la herida de garra bilbaína sufrida una semana antes. Entre Pina en el centro del campo, Trigueros de comandante, Giovani volviendo loca a la defensa, las salidas ordenadas del equipo del siempre pretendido Marcelino y la caraja de más de uno de los rojos fue colocar un puente de oro a los locales para que suguieran su marcha triunfal y dejaran el descenso a 20 puntos, siendo recién ascendidos y con la tarea casi hecha.

Mientras tanto, en nuestro bando, diez pollos de rojo y uno de morado correteaban sin cabeza tras el balón. Muñecos rotos sin alma y abatidos a las primeras de cambio, incapaces de reponerse al mazazo de un gol. Señores, esto es fútbol, y hasta que se pita el final hay que darlo todo. Dentro de la deportividad, del reglamento y del buen hacer. Pero dejándose el alma. Porque sinceramente, más de uno parecía que había ido al Madrigal de visita, a ver a ese equipito recién ascendido del que todos hablan y que va tan bien.

Con esa actitud y esos ánimos, los locales no quisieron dar opción al rival e hicieron lo que hay que hacer en estos casos. Enemigo noqueado, a la lona y que no se levante más de un derechazo certero. Y no, no fue derechazo. Primero vino el zurdazo de Trigueros, en una pérdida en el centro del campo de uno de los nuestros, el que agrandaba la herida de goles encajados por Osasuna. Siete en dos partidos. Pero luego vino otra vez Perbet para dar el directo definitivo, en una pared fruto de un saque de banda. ¿Pero cómo se puede defender tan mal? 3-0 y un cuarto de hora para hacer tiempo, mientras aterriza el avión que nos lleve a Pamplona…

Las entradas de Cejudo y Torres precedieron el salto, a nueve minutos para el final, de Oriol Riera. A falta de nueve minutos, leéis bien. Capacidad de reacción del banquillo, cero patatero. ¿Para qué sacamos entonces a Riera? A ver, que me lo expliquen. Si anda tocado, anda tocado. Con 3-0 se le guarda para el encuentro contra el Getafe y san seacabó. Pero sacarlo nueve minutos… ¿Para probarlo? Por lo menos, dando parte de la razón, he de reconocer que gracias a que estaba en el campo se marcó un gol. Y vaya golazo…

Armenteros, que está pidiendo a gritos una transfusión de sangre navarra, puso un buen centro que Oriolito lo hizo de oro. Sin llamarse Zlatan ni apellidarse Ibrahimovic, el catalán metió la espuela y colocó el cuero donde duermen las arañas. En la escuadra más lejana. Chicharrazo que maquillaba el resultado. Aunque si llega el mismo killer a aprovechar el centro de Bertrán tres minutos después y pone el 3-2 en el luminoso, igual hoy estamos alabando la estrategia de Gracia, ese jugar al despiste para sacar un puntico dando el 3-09 al rival. Vamos, zaragozana pero para empatar. Pero no fue así…

A estas alturas sigo insistiendo en dos que se señalan ellos mismos partido sí y partido también. El uno iba de morado, para más pistas, con guantes en las manos. El primer gol le pilla colgado del travesaño. En el segundo, ese pasito hacia su izquierda, lo condena a no evitar el tanto. El tercero es cagada de su defensa, ala izquierda, pero bueno. Y el otro es argentino, de nombre Emiliano. No daré más detalles. Sólo diré que ahí estuvo un chavalito que es zurdo, Lobato se apellida, jugando en la diestra. Quizás no tenga la calidad del nueve, pero puede suplirle en ese tiempo de asueto y reflexión que creo que se ha ganado. Porque si me dijeran que no sabe jugar a fútbol, vale. Pero es que sabe, e igual es el que más de la plantilla. Sólo le falta demostrarlo.

Y ahora viene el Getafe. A tres puntos andan ellos. Como en el párrafo precedente, no me canso en decir que la salvación pasa por El Sadar. A los azulones hay que ganarles sí o sí. Hay que empezar a sacar los puntos de Pamplona. Que Rayo y Betis han despertado y no hay que dar vida al moribundo ya que, de lo contrario, pueden empezar a formar su muñeco y dejarnos a nosotros deshilachados, desmembrados y con las piezas para montar en una división que no es la nuestra.

¡Hasta la muerte, Forofillo hasta la muerte!

 

Comentarios (1)

(Comentarios cerrados)

 
  • Miguelito
    8/02/2014 | 13:27

    Ni eramos tan buenos hace bien poco, ni tan malos ahora, tengamos calma y los resultados volveran a sonreirnos en breve. AUPA OSASUNA.