El conejo blanco se va vivo

No es que me haya vuelto cinegético, Dios me libre. Uno, que conforme pasan los años más cariñoso se vuelve con los animales viendo a más de un espécimen humano alrededor, siempre tiene que tirar de símiles y comparaciones para tratar de dar a entender las sensaciones que me recorren tras cada partido de los rojillos. Y es que tras el match contra lo de Ancelotti, se me ha quedado el cuerpo más descolocado que un árbol de Navidad con gatos en casa. Y creedme, hablo por experiencia. Que se pega la Chuchu la paliza para hacer arte y por la mañana, ambos dos, se dedican a tumbarlo, riéndose del trabajo hecho.

Cristiano dice mí. Damià dice mía. Dos hombres, un balón y difícil solución. EFE

Cristiano dice mí. Damià dice mía. Dos hombres, un balón y difícil solución. AFP

Los merengues se fueron vivos de Pamplona. Y precisamente un gato, Silva, fue el que les dio el oxígeno necesario para puntuar en El Sadar. Porque tan a huevo como se había puesto el partido contra las estrellitas blancas no se nos ha de poner. A pesar del arranque, a pesar del colegiado, a pesar de los dos testarazos de Oriol Riera y a pesar de que se trataba del todopoderoso Real Madrid. Una pena, porque el conejo blanco estaba en la cazuela, la grada se relamía del gusto y ya veíamos tres punticos en el zurrón que nos sabían a gloria.

Javi Gracia tiró de un once más que previsible. Ante las ausencias de Patxipu y de De las Cuevas, era lógica la dupla en el centro con Silva y Lolo. Atrás, los de siempre. Lotiès y Arribas en el centro con Bertrán y Damià, poderoso Damià, en las alas. Torres y Armenteros les prolongaban la vida por los laterales y Oriol Riera se plantaba como presumible isla en el ataque rojillo. Y durante el primer cuarto de hora eso es lo que fue. Una isla en un mar blanco de fútbol.

Los de Ancelotti saltaron con un once tipo guardado atrás por Pepe y Sergio Ramos, Marcelo y Carvajal en las alas. Xabi Alonso y Modric se plantaban en el centro, con Isco acompañándolos y dando paso al temible tridente de CR7, Benzemá y Bale. Ahí es nada, oigan. Y así que empezaron a mover el cuero desde el primer minuto, a achuchar a los nuestros y a meternos el miedo en el cuerpo. Eso sí, sólo miedo. Porque el portugués guapo, listo y rico no fue capaz de marcar en un mano a mano con Andrés y, por querer ajustarla demasiado, se marchó fuera.

Osasuna dio un golpe encima de la mesa y dejó claro que del Sadar, este año, los grandes no se llevan la victoria. Pim, pam, pum y hecho. Al cuarto de hora y con los esfínteres algo tensos ante el empuje merengue, Marc Bertrán le da por hacer una incursión de las suyas por la derecha, recorta hacia el interior y se saca un envío con el exterior de su bota buena medido, calculado, milimétrico, al cogollico del área blanca. Oriol Riera, el más listo, alto y guapo de la clase, mete la cabeza y la coloca cerca de la escuadra derecha de una estatua llamada Diego López. Gol. GOL. GOOOOOOOOOOOL.

La grada se viene arriba, pero es muy pronto para gozarla de pleno. El pobre se adelanta al rico, en Barcelona se frotan los ojos pero todo el mundo pensamos lo mismo. “Queda mucho. Tranquilos. Es el Madrid. Algo pasará. Ya veremos…“. Pero seguimos jaleando a los nuestros y disfrutando como enanos. Mientras ellos tratan de reaccionar, pero no les dejamos. Replegaditos, cerrados, con los centrales despejando todo lo despejable y con el pitolari ayudando un poco al necesitado, al no señalar penalti un clamoroso derribo de Modric en área rojilla.

Tras un par de intentos del divino luso, ambos dos altos y a las nubes, dirección a los lupanares del final de la avenida Zaragoza, y un intento lleno de veneno de Armenteros que obligó a lucirse al meta blanco, llegó el segundo gol osasunista. Córner desde la diestra, Torres la pone de lujo, Damià cabecea con todo y Diego López hace un paradón. Pero el rechace vuelve a caerle al listo, al guapo, al de rojo. Y Oriol Riera cabecea a placer. 2-0. Sí, señoras y señores. GOL. GOL. GOL.

Mucha tela que cortar antes del descuento, con la segunda roja a Sergio Ramos, rigurosísima pero ya sabéis, a caballo regalado… Y el tanto de Isco. Parece ser que quedarse con diez espoleó a los de la capital y el exgolden boy se sacó un derechazo impepinable desde el borde del área y redujo las distancias poco antes del descanso. Y otra vez nos vuelven a marcar poco antes de irnos a la ducha, a por el refrigerio y las pastas del tiempo de asueto.

La segunda parte, con todos temiendo la avalancha blanca, se convirtió en un partido extrañamente plácido para los rojillos. Las fuerzas fallaban en los visitantes y las contras, contra todo pronóstico, eran nuestras. En dos de ellas Xabi Alonso, de central reconvertido, cortó sendos envíos que dejaban a los nuestros ante Diego López. Y en una tercer que no llegó Carvajal, Torres la rompió y el meta blanco evitó el tercero. Todo era calma y quietud, todo era viento a favor para nuestra nave, todo era irreconociblemente bonito… Pero nos va la marcha.

Y esa quinta marcha la metió el “Gato” Silva. Con dos amarillas en un espacio de tiempo reducido, concretamente en cuatro minutos. La primera por agarrar a Cristiano en la salida. La segunda por enseñarle los tacos al mismo CR7. Minuto 79 y diez contra diez. Para terminar de montar el Belén, que no el arbolito, de la falta de la segunda tarjeta llegó el empate. Agua fría en la grada y nublado en el cielo, aunque empezaba a oscurecer sin nubes.

Se quisieron alinear los astros para que se sumara una serie de circunstancias que permitieran mantener el resultado y, por lo menos, sumar un punto. El primer astro, Di María. Saltó al campo y su presencia la acusó su equipo. Como lo oyen. O leen, en este caso. El argentino anda que se quiere ir y poca muestra de fútbol dejó en Pamplona. El segundo astro fue el cansancio. El otrora ataque letal de los blancos estaba sin oxígeno, que es lo que tiene correr contra uno más media hora larga. Y eso nos benefició. Y para completar la suerte, apenas se dejaron espacios y los centrales de Osasuna cerraron a la perfección.

Una pena y una gozada. Ambas sensaciones de la mano, agridulce como la salsa de los chinos. Es lo de siempre. Si antes del partido nos dicen que vamos a sacar un punto, firmamos. Cuando ha terminado el juego, rabiamos porque hemos dejado escapar una oportunidad de oro de ganar al Real Madrid e irnos a los 16 puntos. Pero es lo que hay. Ahora toca viajar a Vigo, sin Arribas ni Silva, amonestados. A un feudo que le llaman urgencias, ya que todos salen con puntos. ¿Nos ocurrirá lo mismo? Esperemos que sí. De todos modos el martes toca vuelta de la Copa del KO. ¿Y si pasamos? Pues eso, empacho de merengue…

¡Hasta la muerte, Forofillo hasta la muerte!

 

Comentarios (2)

(Comentarios cerrados)

 
  • Joseba
    15/12/2013 | 11:36

    Estaba leyendo el artículo tan a gusto hasta que he llegado a” rigurosísima tarjeta a Ramos”. Ya no he terminado. Antes “clamoroso penalti a Modric”. No basta con que nos roben todas las jornadas, ahora tenemos que creernos que hemos empatado inmerecidamente con ayuda del pitolari.
    Venga hombre!!
    Ramos primera amarilla se la había ganado ya antes y segunda clarísima
    Modric se tira cuando nota contacto leve. Para que sea penalti no vale con tocar, hay que hacer falta.

    No hay que escuchar ni leer tanto los medios de Madrid que si no acabamos creyéndoles

    En la segunda parte 20 minutos de baile a los millonarios

    AUPA OSASUNA!!!!!!!!!!!!!!

     
     
     
  • Miguelito
    18/12/2013 | 20:25

    Cuando estamos a CATORCE dias del dosmilCATORCE, tengo que decir y digo, que tenemos entrenador y equipo para mantenernos en primera, ni el todopoderoso conejo blanco ni el deslumbrante lider azulgrana han podido con los nuestros, ole, ole y ole. “En el numero CATORCE” es una cancion del arrebato, CATORCE puntos tiene un OSASUNA cada vez mas guapo, mas listo y menos pobre.