Apelación, tú sí que molas

Parodiando al programa de Telecirco ese en el que el Risto Mejide y el Corbacho se parten la caja de medio país y, cuando algún artista (o lo que sea que vayan a ese sitio) se gana el pase a una final que se prolonga más que la dichosa crisis, le sueltan eso de “¡Tú sí que vales!“, puedo aplicarlo al Comité de Apelación de la sacrosanta Liga de Fútbol Profesional ya que, si no es por ellos, Alejandro Arribas se pierde el vital partido contra el Getafe. Y si se lo pierde él, a estas horas estamos llorando (sin mamar) un empate que nos hubiese dejado mal cuerpo. Aunque el mío sea de fábrica bastante malo, pero con poca luz…

Achuchón de los rojillos tras la vital victoria sobre el Getafe. EFE

Achuchón de los rojillos tras la vital victoria sobre el Getafe. EFE

Triunfazo (que no triunfito, a ver si hoy vengo de una caja tonta subida…) contra el Getafe. Y punto pelota. Tres puntos que nos catapultan a los 36 y, lo más importante, devuelve la alegría, la ilusión y algo de tranquilidad a la últimamente negativa afición rojilla. Y encima merecido, porque se peleó hasta la última brizna de césped para ganarse a pulso el ajustado 1-0 que se quedó fijo en el luminoso al finalizar el partido. Se hicieron méritos, se tuvo más ocasiones, no se sufrió mucho y, encima, Andrés se metió en la caseta con los guantes impolutos.

La jornada comenzó bien, medio nublada pero fue despejando conforme pasaban las horas. A media tarde, cita de peñas y seguidores en el frontón de Cordovilla para ir caldeando un ambientico necesario para trasladar a los jugadores la importancia del match. 18.30, rodeado por una marea rojilla, el autobús de la chavalería llegaba al viejo Sadar entre gritos de ánimo, humo de bengalas y ondear de banderolas y bufandas. Los círculos del club reconocían que a más de uno de los peloteros se le ponía entonces la piel de gallina. Como para no dejarse afectar…

Calentamiento con noticias positivas, ganaba el Valladolid al Deportivo en Pucela pero nosotros, a lo nuestro. Porque ya empezábamos a hartarnos cada lunes al coger la clasificación y ver si habían pinchado los demás, al no ganar nosotros. Eso es lo que contaba. Como decía Luis Aragonés, “ganar, ganar, ganar, ganar y ganar“. Y quién más que el Sabio para decir lo importante en estas lides. Un triunfo nos alejaba de las llamas de la hoguera a Segunda División. Una victoria podía hacer de calmante y revulsivo para afrontar los tres últimos partidos con otra cara.

Ya de entrada, Mendi tiró del once extintor, aquél que da más seguridad que ningún otro. Damiá y Bertrán en las bandas de la defensa, con Arribas (el indultado) y Rubén en el eje central. La veteranía y experiencia de un chaval llamado Patxipu en el centro del campo, mangándole el brazalete a Kike Sola, junto al Gato Sola y con De las Cuevas y Armenteros a las alas. Nino de mediapunta y el Messi de Cascante a la carga. Un equipo para dar puntadas, pelear y comerse al rival. Y desde el primer minuto salió con el cuchillo entre los dientes y a por todas.

La grada no quiso ser menos y entonó todos los cánticos habidos y por haber. Desde el apoyo cuando la megafonía, implicada y enchufadísima para alterar al personal, ladraba uno a uno los nombres del once rojillo hasta el Riau-Riau que le debió molar al pitolari, ya que hasta que no sonó el último acorde, no dio inicio a la contienda. Con jaleos clásicos y novedosos, presionando al rival y al trencilla, echadle huevos, hasta la muerte, un hit de clásicos osasunistas en una primera parte en la que, como otras tantas veces, nos faltó puntería.

La presión del equipo ahogaba aun Getafe que cuenta con jugadores de una calidad asombrosa. Empezando por Moyá, que sacó un par de disparos envenenados de Miguelito De las Cuevas, pasando por el organizador Abdel Barrada, veneno en estado puro, o los centros laterales de Pedro León, un guante en la derecha. Pero Kike, Nino y, sobre todo, De las Cuevas, lo intentaban una y otra vez sin conseguir el premio. Así llegamos al tiempo de asueto, con la sensación de haber desperdiciado 45 minutos pero sabedores que quedaban otros tantos para lograr el triunfo.

Y en la reanudación, más de lo mismo. Asedio rojillo e incontables oportunidades. Un centro de De las Cuevas lo cabeceó a gol Kike Sola, pero el cuero y el palo, así como el caprichoso destino, quisieron que el balón flotara sobre la línea de gol, pegara en la testa de un descolocado Moyá (¿puedo decir que le dio en la chiri-Moyá?) y no lo empujó Nino a gol. Y el mismo almeriense, tras servicio en bandeja de plata de Armenteros, fue incapaz de batir en el mano a mano al meta azulón. Las luces se nos iban apagando. Pero no las gargantas.

Y llegó el minuto 74. Córner en el ataque diestro de Osasuna. Y Apelación dio luz verde a Alejandro Arribas para que pudiera jugar. Y allí que sube el largo central, con el 14 colgándole a la espalda. Y allí que parte el esférico desde la esquina. Y allí que Sola, viendo que no llega, lo deja pasar. Y ahí, tímidamente, junto a un defensa rival, mete la melena estilo Santi Ezquerro Arribas, impactando con el cuero y haciéndolo flotar. Lacen pegadito al palo. Moyá estirándose sobre Lacen. Y sobre ambos, borrando las telas de araña de la escuadra derecha de la meta rival, un balón de oro que entra a gol. El balón de oxígeno.

La grada se vino más arriba que el propio Alejandro. Tras mucho insistir, al final hubo premio. Nos poníamos por delante y la victoria parecía posible. De ahí al final, con el Getafe a la desesperada y con el veneno de Colunga y compañía, partidazo perfecto en defensa y, sobre todo, de Damiá, al que parecían haberle enchufado una dosis extra de testiculina. Pero como a todo el equipo, ojo, que todos y cada uno de ellos lo hicieron de fábula. Empezando por Andrés y su ralentización en los saques al final. Las cabalgadas de Bertrán y Damiá en ataque, este segundo amargando el encuentro a un tal Pedro León durante todo el segundo tiempo. El orden y clarividencia de Patxipu, todo garra y calma, la pelea del Gato Silva, más león que nunca. El empuje, aunque algo intermitente, de Armenteros, la calidad sobradísima de Miguel De las Cuevas. El incansable curro de Nino y la referencia de ataque de Kike Sola, peligroso en el juego aéreo. Hasta los del banco cumplieron, Oier cortando primorosamente balones peligrosos, Masoud no perdiendo el cuero en campo propio e incluso Llorente, sufriendo una falta en el último minuto y dando aire a sus compis.

Una victoria cimentada en el Comité de Apelación, que nos permitió contar con Arribas que fue decisivo al final. Una victoria que nos coloca con 36 puntos y nos hace viajar a la final de Granada en busca de un triunfo que puede ser un tesoro. Una victoria ganada, luchada, peleada, merecida, sufrida y dibujada con un remate de un jugador que no debería haber jugado en circunstancias normales. Si es que hasta en eso vamos a tener alguna vez el santo de cara. Una victoria que ya se ha producido y que no hay que pensar más en ella. Ahora, a por el Granada. ¡Vamos, rojos!

¡Hasta la muerte, Forofillo hasta la muerte!

 

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