Fisiología de la energía para correr

Musculo-y-Energia-Normal

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El músculo se contrae gracias a la acción de unas proteínas, la miosina y la actina, que se deslizan unas sobre otras acortando la longitud de la fibra muscular. Para que estas proteínas puedan desplazarse necesitan energía que el músculo obtiene de una molécula llamada ATP (adenosina trifosfato). El ATP es como el calor que genera un horno. El músculo genera esa energía, ese calor, metabolizando (“quemando”) glucosa o ácidos grasos. La clave es que, para metabolizar glucosa o ácidos grasos de forma eficiente, o lo que es lo mismo, de forma prolongada y ahorrativa, el músculo necesita oxígeno. Sin oxígeno también puede generar energía pero utilizando un sistema muy poco eficiente que se agota rápidamente.

Siguiendo con el simil del horno, para el músculo generar energía sin oxígeno es como para el horno generar calor con un chorro de alcohol sobre el carbón casi apagado. Llama efímera que enseguida desaparece. En el músculo, este sistema sin oxígeno es el que genera ácido láctico.

La energía en el músculo se genera en unos compartimentos que se llaman mitocondrias y que constituyen el horno del músculo. A las mitocondrias llega el combustible (glucosa o ácidos grasos) y la chispa (el oxígeno). Mientras el ejercicio sea de baja intensidad el cuerpo dispone de suficiente combustible en forma de ácidos grasos (grasa) para aguantar horas y horas. Según aumenta la intensidad del ejercicio las mitocondrias empiezan a usar más glucosa y menos ácidos grasos. La cantidad de energía que se produce con la glucosa y con los ácidos grasos es igual, pero la diferencia más importante es que el depósito de glucosa es mucho más pequeño, con capacidad para generar 2.000 o 2.500 kcal como mucho. Por eso si mantenemos la intensidad del ejercicio elevada, llegará un momento en que se agota la disponibilidad de la glucosa y el músculo falla. Los corredores de larga distancia conocen este fenómeno como “el muro”. Para poder mantener un esfuerzo durante horas hay que hacerlo con intensidades más bajas en las que se quema grasa predominantemente.

Si aumentamos aún más la intensidad del ejercicio la maquinaria de la mitocondria necesaria para quemar la glucosa o el ácido graso se satura. En este momento es cuando aparece el ácido láctico. Para evitar un parón en seco cuando se ha llegado a este punto de saturación, la mitocondria es capaz de generar más de energía por un mecanismo diferente que resulta en la formación de ácido láctico. Para ello sigue quemando glucosa pero ya sin oxígeno, y solo es capaz de producir pequeñas cantidades de ATP, y durante periodos de tiempo cortos. El ácido láctico acaba causando la fatiga del músculo.

En resumen, hemos descrito dos mecanismos que usa el músculo para obtener energía: aeróbico (con oxígeno y con intensidades de ejercicio bajas y moderadas) y anaeróbico (sin oxígeno y con intensidades de ejercicio elevadas). La diferencia fundamental es que el metabolismo aeróbico es mucho más eficiente y produce mucho más ATP que el metabolsimo anaeróbico. Además, el metabolismo aeróbico se puede mantener de forma prolongada, sobre todo cuando se quema grasa con esfuerzos de intensidades baja y media. Esto es debido a que los depósitos de grasa del cuerpo son ilimitados, incluso en atletas con muy poca grasa corporal.

¿Cómo se consigue que con esfuerzos más intensos las mitocondrias quemen más grasas en lugar de glucosa, permitiendo así un esfuerzo más prolongado? Con el ENTRENAMIENTO. El entrenamiento adecuado hace que el músculo fabrique más mitocondrias y que éstas sean capaces de metabolizar (“quemar”) ácidos grasos a intensidades de ejercicio más altas. Los corredores de élite corren prácticamente al límite de sus posibilidades durante horas porque sus mitocondrias están quemando más ácidos grasos que glucosa. Por el contrario, un corredor desentrenado, o uno que vaya por encima de sus posibilidades, quema predominantemente glucosa y en poco tiempo se agotan las reservas.

Otro día hablaremos del umbral anaeróbico, pero sirva como introducción que es la intensidad de esfuerzo a partir de la cual el músculo empieza a generar energía a través del sistema del ácido láctico. En una prueba de esfuerzo progresiva, en la que aumentamos la velocidad del tapiz rodante progresivamente, podemos determinar el umbral anaeróbico mediante la medición de la concentración de ácido láctico en sangre en diferentes momentos de la prueba.

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2 respuestas a Fisiología de la energía para correr

  1. Jesús dijo:

    En Qué consiste la ‘saturación’ de las mitocondrias que da paso al sistema anaeróbico?. Y el ácido làctico interviene en la producción de energía, al modo del alcohol sobre el carbón encendido -siguiendo su ejemplo-, o es un mero residuo?. Gracias.

  2. Jesús dijo:

    El àcido láctico produce energía a modo del alcohol sobre el carbón encendido -siguiendo su ejemplo- o es un mero residuo?. Gracias.

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