Madrid mágico

Nuestro fin de semana en Madrid ha sido una pasada. De principio a fin. Ha sido… mágico. Vengo feliz. Qué hospitalidad y qué bien nos han tratado. Desde que llegamos, los compañeros de trabajo de Iñaki se encargaron de traernos, de llevarnos, de invitarnos a comer, de enseñarnos la ciudad… Así es una gozada ir a cualquier sitio, la verdad. Y más aún para correr una carrera, porque facilita mucho todo.

El sábado a las 7:30 de la mañana ya estábamos en Madrid. Fuimos al hotel, muy bien situado en pleno Paseo de la Castellana, y después de desayunar vino a buscarnos Iván (compañero de Iñaki en Maxxium), acompañado de su hijo Jorge, para ir a recoger los dorsales a la Feria del Corredor. Fuimos en coche hasta la Casa de Campo y, cuando llegamos al Pabellón de Cristal, donde estaba la feria, había cola para entrar. Aunque se me pasó bastante rápido; entre una cosa y otra, ni me enteré. Justo allí nos reunimos con Javier, también de Maxxium. Y mientras esperábamos para entrar vimos al atleta Chema Martínez, director deportivo de la Rock ‘n‘ Roll Madrid, rodeado de un séquito de corredores.

Bueno, pues ya todos juntos y dentro de la feria nos dirigimos a nuestros correspondientes stands para recoger el dorsal, la bolsa del corredor y la camiseta: de Adidas, verde fosfi y sin mangas (la de chica), muy chula. La de la maratón era negra y la de los 10 km violeta.

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Dimos una vuelta por las tiendas; ya sabéis, había de todo, miles de productos del mundo del running: ropa, zapas, nutrición, masajes, plantillas, promoción de otras carreras… Había también un escenario habilitado para unas jornadas técnicas. Y justo pillamos el momento en que presentaban a los “machacas” de la carrera. Fue impresionante: una veintena de súper atletas, la mayoría africanos, con esos cuerpos de maratonianos, todos allí junticos en el escenario. Cuando los vimos de cerca, aluciné. Son súper delgados, no tienen ni un gramo de grasa. Tienen que pesar poquísimo. Eso sí, pura fibra. Por cierto, otro que es como “el espíritu de la golosina” y también andaba por allá es Martín Fiz, nuestro campeón del mundo de maratón.

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Iván se fue con su hijo y nosotros nos marchamos con Javier, que había quedado con Antonio, otro compañero de la empresa, para comer los cuatro juntos. Primero, un aperitivo en una terraza de Cibeles, desde donde teníamos una vista preciosa de la fuente, y que nos vino de maravilla para ubicarnos y fichar bien la salida de la carrera del día siguiente. De ahí, a comer; lo pasamos de maravilla y nos echamos unas cuantas risas. Y después al hotel, a descansar un poco antes del Real Madrid-Osasuna.

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Antonio era el encargado de preparar los bocadillos para el partido; una tarea súper importante porque era la cena, nuestra gasolina para la carrera. Y vamos, eso fue mano de santo. Así corrí de bien al día siguiente… Pedazo de bocata de jamón (y otro más pequeño de chorizo ibérico) que nos metimos en el cuerpo. Además, dice el refranero que “las penas con pan son menos”. Pues teníamos que llenar el estómago y darle una alegría al cuerpo para suavizar un poco la paliza que nos estaba dando el Madrid… 4-0, señores. Bueno, para qué ahondar en las miserias… estos rojillos, como todos los años, provocando infartillos a la afición hasta el final de la temporada.

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Resultado aparte, disfruté un montón en el Bernabéu. Y, después del partido, al hotel, a preparar todo para la carrera y echar un vistazo al recorrido. Y a descansar, que había que madrugar.
¡Y por fin llegó el día! Nos vestimos y yo me forré con un par de bolsas de basura y unos guantes que me fabriqué con unas bolsas de plástico. Anunciaban más calorcito a partir de media mañana, pero en ese momento hacía fresquete. Y teníamos unos 3 kilómetros hasta la Plaza de Cibeles, el lugar de salida.

Iñaki, más previsor, se había traído ropa vieja para abrigarse y luego tirar antes de correr, pero yo no.
A las 8:30 h salían los corredores de 10 kilómetros, y los de la media y la maratón salíamos juntos, a las 9. Habíamos quedado a las 8:45 con Iván y Javier en la central de Correos, en Cibeles. Fuimos medio trotando hasta allí, calentando un poco. Cuando llegamos, Javier e Iñaki se fueron a calentar más todavía. A mí ya me bastaba. Y mientras esperaba a que viniera Iván… ¡sorpresa! De repente veo a un corredor con camiseta de Osasuna que venía hacia donde estaba yo. Era Jesús, del grupo de la Vuelta del Castillo, que había quedado ahí mismo con Txema, otro de la Vuelta. Lo tenía a mi lado y ni lo había visto. Saludos, un poco de charleta y unas foticos juntos. Ellos iban a hacer la maratón. ¡Aúpa navarros! Jo, qué gracia encontrarnos.

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Y de repente, todo el mundo mirando al cielo. Varios paracaidistas del Ejército salpicaban de rojo y gualda el cielo azul y aterrizaban de uno en uno en la avenida… señal de que se acercaba la hora; así que enfilamos hacia la salida. Javier e Iñaki, al cajón 1. Yo, al 2. Iván, al 5. Mi objetivo: primero, llegar. Después de tanto tiempo lesionada, eso ya sería un triunfo. Pero si encima lo hacía en menos de 2 horas, estupendo. Y si además bajaba de 1:55, sería una pasada. Así que me despedí y fui a mi cajón, a esperar la salida.

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¡Comenzamos! La primera parte del recorrido, Paseo de la Castellana, es cuesta arriba. No es muy pronunciada, pero sí prolongada. Y se nota. Fuimos subiendo hacia la Plaza de Castilla, unos 6,5 kilómetros. Fui adelantando todo el rato. Había muchísima gente. Pillé un lateral para poder adelantar mejor, pero estaba petado. Incluso llegó un momento en el que íbamos casi andando, parados, totalmente atascados. Claro, estaba en Madrid… ¡Si hay atascos en el tráfico rodado, en la carrera también! 😉

Madrid - Deportes - Abril - Maraton Madrid 2014  Foto: Gonzalez-Cebrian

Después giramos para volver por la Castellana, pero en sentido inverso, y bajamos por Bravo Murillo hasta el kilómetro 10, aproximadamente. Ahora que lo veo en el mapa me sitúo, pero en ese momento no tenía ni idea de dónde estaba. Iba a ciegas, porque ni conocía el recorrido ni sabía en qué kilómetro me encontraba; tampoco sabía a qué velocidad iba, así que no tenía ni idea de si iba bien de tiempo o no. Me guiaba por sensaciones. Yo me encontraba de maravilla y estaba disfrutando mucho. Bueno, mi única referencia fueron los puntos de control (kilómetros 5, 10, 15 y 20), aunque hubo alguno que ni lo vi.
Giramos para cruzar la Castellana, por arriba. Entre otras calles, fuimos por María de Molina, Serrano… Vamos, parecía que estaba en el tablero del Monopoly

Fue precisamente ahí, en la calle Serrano (km 13,5), donde nos separamos de los de la maratón. A ellos les esperaba otro recorrido, otras calles de la capital, para poder completar los 42,195 kilómetros. Nos despedimos de ellos dándoles muchos ánimos, que les iban a hacer falta. Por cierto, ese fue el primer momento de toda la carrera en el que se hizo algo de hueco. A partir de ahí fui más cómoda.

Cruzamos la calle de Alcalá para empezar el rodeo al Parque del Retiro. Esto era el kilómetro 16, más o menos (Avenida Menéndez Pelayo). Y yo me sentía muy bien. Y seguía fichando objetivos a los que seguir, aunque esta era una tarea complicada, porque no paraba de adelantar. ¡Qué subidón! Y además había pocas chicas, así que adelantaba a chicos. ¡Más subidón todavía!

Empecé a preparar mi mente para la famosa cuesta horrorosa del kilómetro 18. Me habían hablado tan mal de ese trozo que me puse en lo peor. Y mejor así, porque cuando llegó no me pareció para tanto. A ver, pica un poco, sobre todo a esas alturas de la carrera. Pero la hice muy bien. Y, una vez pasada, yo pensaba: “Esto ya está hecho”. Cuando entré en el Retiro se me hizo un poco largo, pero apreté hasta el final y lo conseguí: objetivo cumplido. Y, no sólo eso, sino que además disfruté un montón, llegué muy bien y no me dolió nada. ¡Yujuuuuuuuuu! La carrera fue durilla, mucha cuesta y muchos toboganes (y eso que se supone que han cambiado el recorrido para suavizarla un poco), pero emocionante.

Recogida de medalla y bien de hidratación, porque aunque había cogido agua en los avituallamientos, bebí muy poco. Era casi más para refrescarme y quitarme la sequedad, pero poco más. ¡Y de repente veo a Iñaki y Javier! De lujo, porque me estaban esperando con ropa seca para cambiarme. Habíamos dejado ropa en casa de Pilar, otra compañera de Maxxium que vive cerca. Y ellos ya habían ido a por las mochilas. Vamos, mejor imposible. Y después de estirar, contarnos nuestras experiencias y hacernos unas foticos, fuimos al hotel.

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Ducha revitalizante y a pasear por Madrid. Javier hizo de guía y nos enseñó algunos de los lugares más típicos y turísticos: la Puerta del Sol, la Plaza Mayor, la Catedral de la Almudena, el Palacio Real, la Plaza de Oriente… Y fuimos a comer al Mercado de San Miguel, un mercado tradicional remodelado y reconvertido en un moderno espacio donde se puede hacer la compra, comer en plan informal o tomar un cóctel.

Luego seguimos callejeando e hicimos un descanso en una terraza de la Plaza Santa Ana, con unas vistas increíbles de Madrid. Y para finalizar nuestro paseo, cómo no, una foto con los leones del Congreso de los Diputados.

Javier nos llevó al aeropuerto y, cuando me subí al avión, me quedé frita. Estaba cansada, pero súper contenta del fin de semana tan bonito que habíamos pasado y de que todo saliera tan bien. Espero repetir la experiencia el año que viene, me encantaría.

Esta semana tocaba descanso. Después de entrenar tanto y de hacer la carrera, el cuerpo tiene que recuperarse. Aunque he trotado un poco, muy suave, más que nada para que no se duerman los músculos.
Y ya con la cabeza en este domingo, que tenemos una de las carreras más bonitas y entrañables de la temporada: la Carrera Solidaria con Ruanda, que cruza el Valle de Aranguren. Llevo varios años corriéndola (menos el año pasado, que estaba lesionada) y le tengo mucho cariño. Aunque coincide con otra carrera del Circuito Navarro de Running en Zizur, no me la pierdo, ni loca: este domingo mi cuerpo estará en Aranguren y mi corazoncito en Ruanda.

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