Qué mala pata… de ganso

Sí, ese es el diagnóstico de mi lesión: pata de ganso. Es una tendinitis que se me ha generado en la cara interna de mi rodilla izquierda. Un rollo macabeo, porque me salió como una canica en esa zona, totalmente inflamada. Con el consiguiente dolor, claro. Por suerte (¿?), no me dolía al andar o al hacer “vida normal”, sino solo al correr.

Bueno, ésa es una de las dos lesiones que tengo. La otra es una mezcla de varias cosas, también en la rodilla izquierda. Según el especialista, es un poco de menisco, un poco de condromalacia (desgaste del cartílago de la rótula) y un poco de ligamento cruzado. Tal y como dijo, “nada grave como para operar, pero lo suficiente para darme la lata” y tener que parar una temporada. No sé, visto así, hasta es un alivio, podía haber sido peor.

En realidad ésta es la lesión que apareció primero. Es algo degenerativo. No me ha venido por un sobreentrenamiento o por haberme pasado, más que nada porque últimamente había sido muy comedida en mis entrenamientos. Eso sí, estoy convencida de que el correr por asfalto ha tenido bastante que ver.

Soy consciente de que el mejor entrenamiento es el que se realiza por hierba. Pero, sinceramente, me resulta bastante pesado dar vueltas y vueltas a la Vuelta del Castillo. A mí lo que me gusta es salir con el grupo y hacer una salida de una hora-hora y media por la Cuenca de Pamplona. Normal, con los recorridos tan bonitos que hay… Pues qué os voy a contar, ¡me encanta!

Pero, a pesar de que esto es lo que más me gusta, voy a tener que cambiar de hábitos y voy a dar más peso a mis entrenamientos por hierba. Como me decía hace poco Fernando, del grupo de La Vuelta: “Somos como los hippies… ¡viva la hierba!” (esto, teniendo en cuenta que no fumo…)

La cuestión es que, después de unos cuantos meses de espera, me llegó el turno para hacer rehabilitación. ¡Por fin! Me asignaron 13 sesiones, en el Centro San Martín. Pero fue bastante decepcionante: unos estiramientos, unos ejercicios que no valían para nada… Además, yo veía que a otros les hacían un montón de cosas (aparatos, masajes…), pero a mí nada. En resumen, una hora y media de mi día tirada a la basura.

Sinceramente, cuando terminé no me notaba ninguna mejoría así que, en la revisión, la médico rehabilitadora me mandó otra tanda de rehabilitación (otras 13 sesiones en el mismo centro) pero con distinto tratamiento.

la foto
Hombre, esto es otra cosa…: terapia interferencial (un tratamiento para el dolor a través de unos cables que dan unas pequeñas corrientes), ultrasonidos, masajes específicos para mis dos lesiones, una buena tabla de ejercicios (básicamente, sentadillas) y stretching (vamos, estiramientos varios).

Termino esta semana y la mejoría es brutal. María, mi fisio, ha sido pieza fundamental. Y el resto del equipo (Bego, Amalur…) también es súper profesional, y encantador. Tanto que ya les he comprado una cajita de pastas de Layana

Por cierto, supongo que también habrá influido en la recuperación la ‘terapia’ complementaria que hago además en casa: hielo, automasajes y una crema 100% natural que compré en un mercadillo medieval. Con la de rato que le dedico cada día, ¡como para que no haga efecto!

Ah, y no me quiero olvidar del ingrediente estrella: hacer todo con mucha fe. Esto último lo he aprendido de mi padre, que cada día tiene que tomar un montón de medicación y siempre me dice: “Hija mía, no sé si estas pastillas serán buenas o no, pero yo por si acaso me las tomo con mucha fe”.

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2 respuestas a Qué mala pata… de ganso

  1. Isi dijo:

    La fé y la paciencia marcan muchas cosas. Así que ya sabes, con paciencia uno se recupera y con fé, el dolor es menor.
    Ánimo, a recuperarse y una vez pasado el invierno, a seguir disfrutando de la Cuenca.

  2. Mapi dijo:

    Ese Isi!!! Gracias por tus palabras. Sí, todo llegará… paciencia.
    Besazo.

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