Cuando acudir a la escuela se convierte en un lujo

Este mes hemos celebrado el Día Mundial de la Alfabetización, lo que nos recuerda que la educación es un derecho humano fundamental, esencial para poder ejercitar todos los demás derechos, pues promueve la libertad y la autonomía personal. Además, genera importantes beneficios para el desarrollo.

Sin embargo, según el último Informe 2016 de Unicef sobre el estado de la Infancia en el Mundo, unos 124 millones de niños y adolescentes en todo el mundo no van a la escuela.

52,9 millones están en África Subsahariana, 50,9 millones en Asia y en la zona del Pacífico, 6,6 millones en América Latina y el Caribe, 8,7 millones en los Estados Árabes y 5 millones repartidos por el resto de países del mundo.

Esta distribución de la Infancia sin escolarizar no es fruto del azar. Los datos demuestran que las oportunidades que tienen los niños de obtener una educación de calidad son menores si provienen de familias pobres, viven en zonas rurales apartadas, son niñas, sufren de alguna discapacidad, pertenecen a grupos étnicos o raciales que la sociedad discrimina, o viven en zonas afectadas por crisis.  Y si ya eres niña, de medio rural y nacida en un país pobre….

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Hay otra causa que puede atentar contra el derecho a la Educación: las situaciones de emergencias. En la actualidad, los niños ocupan el epicentro de las situaciones de emergencia de todo el mundo. Casi 250 millones de ellos se ven perjudicados por conflictos y millones más por los riesgos derivados de amenazas naturales y epidemias de rápida propagación. En zonas de conflictos armados y en aquellas donde la población vive bajo la ocupación, el derecho a la educación está en grave peligro o, directamente, no existe. Ir a la escuela, cuando se lucha por sobrevivir, se convierte en todo un lujo.

En estas situaciones, con el fin de proteger los beneficios de la educación y garantizar un progreso continuado, los niños, y especialmente las niñas, necesitan contar con un acceso permanente a una educación segura y de calidad. La educación es esencial durante las situaciones de emergencia, pues contribuye a que los niños recuperen la sensación de normalidad y las esperanzas de futuro en medio de la violencia, la inestabilidad y el desastre. La escolarización también proporciona a los niños las destrezas necesarias para construir vidas mejores, más seguras y más sanas para ellos, sus familias y sus comunidades. Pero las crisis prolongadas que están viviendo algunos países siguen llevándose por delante cada vez más vidas y futuros de gente joven.

Una situación replicable en el caso de los menores que se encuentran en campamentos de refugiados. Se estima que más de 16 millones de niños, niñas y jóvenes refugiados se enfrentan a un futuro incierto.

En la actualidad, hay más de 60 millones de personas refugiadas y desplazadas en todo el mundo. La mitad de ellas son niños y niñas a quienes se niegan demasiadas oportunidades. Ser refugiado o desplazado equivale a perder raíces y, a menudo, derechos. En el caso de los niños y niñas, es frecuente que esa falta afecte a la educación, porque cuando se vive en un campo de refugiados es difícil acudir a la escuela.

CsEerZLW8AAMTTeEn este sentido, estos días hemos podido la última campaña de Save the Children para exigir a los líderes mundiales que tomen medidas concretas para que ningún niño refugiado esté sin acceso a la escuela durante más de un mes. #NoSonSoloRefugiados se llama esta campaña que desde aquí recomendamos ver.

In this Wednesday, Jan. 27, 2016, Syrian refugee teacher Ahmed Shareef, 38, right, listens to his students inside a tent that has been turned into a makeshift school, at a Syrian refugee camp in Qab Elias, a village in the Bekaa Valley, Lebanon. With Lebanese schools forced to turn down Syrian children for lack of space, some refugees have resorted to a bootstrap solution: Syrian teachers who are refugees themselves, volunteer their time to educate the next generation out of tents. (AP Photo/Bilal Hussein)

In this Wednesday, Jan. 27, 2016, Syrian refugee teacher Ahmed Shareef, 38, right, listens to his students inside a tent that has been turned into a makeshift school, at a Syrian refugee camp in Qab Elias, a village in the Bekaa Valley, Lebanon. With Lebanese schools forced to turn down Syrian children for lack of space, some refugees have resorted to a bootstrap solution: Syrian teachers who are refugees themselves, volunteer their time to educate the next generation out of tents. (AP Photo/Bilal Hussein)

Sin embargo, también se encuentran historias que  aportan luz en mitad de la oscuridad, como esta escuela para refigiados sirios en el Líbano. Y con ellas nos queremos quedar para acabar esta breve reflexión sobre cómo una cuestión tan básica como acudir a la escuela puede convertirse en un elemento de lujo en algunos lugares del planeta.

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Una respuesta a Cuando acudir a la escuela se convierte en un lujo

  1. Josep Cortes Maresma dijo:

    Para una igualtad en mundo primero tenemos que mirar a los niños, dentro de unos años ellos seran nuestro futuro, si ahora les damos la espalda después que sera de nosotros.
    En un futuro cada uno de nosotros recogeremos lo que hemos sembrado a lo largo de nuestra vida.

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